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Raúl Perrone: “La gente sale del cine con respuestas pero mayormente con preguntas y eso es mejor para todos”

│Por Mariano Cervini

Expiación, la última película del director, estrenada en el BAFICI 2018, es una compleja composición poética que intenta dar otra mirada a los hechos de la última dictadura cívico-militar argentina.

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Es sabido que Raúl Perrone odia los festivales de cine. Con 66 años y más de cuarenta películas filmadas le esquiva a los lugares comunes en la vida cotidiana y en la ficción. En esta charla con Revista Kunst habla de sus búsquedas personales a la hora de filmar y deja algunas reflexiones de la actualidad de la pantalla grande. Su último largometraje, Expiación, se estrenó en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI) 2018 y  trata de proponer una nueva perspectiva sobre la última dictadura argentina.

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¿Sentís que hiciste un giro con ​Expiación​ respecto a tus otras películas?

Ya había hecho un giro con Cínicos el año pasado, que es una película sobre los griegos, con un lenguaje muy shakespereano. Con Expiación quería ir a otro lugar, mucho más actual como es la última dictadura cívico militar argentina, pero con textos de mucho nivel: con mucha poesía y filosofía, y la película creo que logra abordar ese lugar.

Hay un entrecruzamiento de textos muy fuerte. Como si fueran narraciones poéticas que los personajes declaman. ¿Esto se te ocurrió a vos previamente o surgió durante el rodaje?

Es algo que se me ocurrió antes. Generalmente cuando empiezo una película, sé qué tono va a tener. Cuando decidí que Pendejos fuera sin diálogos, no es algo que surgió de la nada. Más cuando son diálogos elaborados como en esta película. Improviso mucho con los movimientos de cámara, pero con los textos soy muy puntual. Soy muy obsesivo con ese tema. Acá los textos tenían que decirse tal cual como yo les apuntaba a los actores que los dijeran. No había lugar para la improvisación en los diálogos. La improvisación estaba en que ellos podían moverse como querían, pero sí hubo mucho cuidado con los textos y en lograr una sobreexposición y una falta que a veces los hace aparecer fuera de sincro pero que es a propósito; para contarle un poco a la gente que hay cosas que en esa época estaban corridas, fuera de lugar, y no se podían decir.

Es una película con mucha carga simbólica, tanto en las imágenes como en los textos.

Yo vengo de la imagen y para mi es muy fuerte el trabajo de las estéticas de mis películas. Tengo ya cierto trabajo para que una imagen cuente algo sin necesidad de un diálogo. No me apoyo en el texto para lograr cosas que quiero lograr con la imagen. A veces las imágenes son muy fuertes como para abultarlas de diálogos que terminan diciendo lo  que ya se ve. Eso es una cosa que nunca me ha gustado y me parece que es muy obvia. Recuerdo una película argentina en la que hay una voz en off que lo cuenta; o lo contás o lo mostrás. En mis películas intento despegarme lo más posible de esos lugares comunes.

Los personajes de Expiación sufren la paradoja de estar libres de movimientos pero
parecen encerrados en un lugar que a la vez les sirve de refugio.

Sí y está relacionado con la época de la dictadura. Es un grupo de gente que decide autoexiliarse para poder sobrevivir. De hecho, en la primer escena de la película están enterrando libros. Ellos se autoexilian en su propio país; por eso lo de la expiación: un lugar abandonado que poco a poco se va inundando y la liberación viene cuando uno de los personajes logra romper con todo eso y el agua empieza a correr y todo empieza a florecer.

Hay muchas referencias al mundo cristiano

Yo creo mucho en esas cosas. No voy a la Iglesia, no creo en los curas, pero me gustan las imágenes. Junto estampitas; en mis películas siempre hay estampitas. En Expiaciónhay un Cristo dibujado en una pared. No es que sea católico sino que me gustan mucho estéticamente los símbolos cristianos: los sonidos, las voces. También tiene que ver con el personaje de la monja que quiere dejar los hábitos y no se anima. Está seducida por un tipo pero no termina de entregarse.

perrone 2¿Te gusta que el espectador reinterprete lo que proponés en la pantalla?

Las significaciones siempre se completan con el espectador. Lo que más me gusta es eso. Si una película tiene un principio un desarrollo y un moñito al final, no sabría de qué hablar al final. Deben interpelar al espectador. Mis películas no son fáciles de digerir. La sensación es que esas imágenes queden en la cabeza de la gente y que puedan trabajarlas un poco. Es una manera de hacer que el espectador recuerde lo que yo quiero que sea escuchado. La gente sale con algunas respuestas pero mayoritariamente con muchas más preguntas y eso es mejor para todos. Es apasionante cuando una película te hace que te preguntes ciertas cosas, sino vendería pochoclos y haría otro tipo de cine.

Esta película remite en algunos planos al cine clásico.

Eso no es intencional. A la hora de filmar no estoy pensando en Fellini. Tengo una  escuela y una manera de filmar. Hice más de 40 películas y sé cómo quiero contar lo que quiero contar.

¿Se nota una gran prolijidad casi poética a la hora de filmar. ¿Sos de repetir escenas?

No. En general trato de hacerlo todo en una sola toma. No repito. Si la escena está bien es innecesario. Yo veo directores que hacen 30 escenas y después eligen la primera que filmaron.

Expiación habla en clave simbólica de la última dictadura cívico militar. ¿Cómo recordás aquellos años?

Era un pendejo de 20 años que sufría alguna que otra cuestión como que me corten el pelo porque lo usaba largo. Tenía miedo. Yo no militaba políticamente pero era complicado igual. La policía te corría, te hacían una cruz en la cabeza. Eran épocas muy heavys. Te bajaban de los trenes. Sobre todo era complicado para los que queríamos hacer arte. Siempre los artistas fuimos perseguidos por las dictaduras. Las canciones, la poesía, la literatura. Fue la que me tocó vivir de joven pero no me traumatizó.

¿Por eso elegiste hablar de la dictadura en Expiación?

Sí, pero fijate que la película remite a muchas otras cuestiones. Si no, hubiera puesto un Falcon verde y lo que trato es de evitar esos lugares comunes tan obvios. Lo mío pasa por otro lado. Voy por la poesía pero a la vez estoy hablando de un hecho concreto como la dictadura pero intento hacerlo desde otro lugar. Ni siquiera los personajes hablan del tema en primera persona ni de forma directa hablan de literatura, de amor. Me preocupaba la parte humana de estos personajes pero sin ser obvio. Si yo meto a cuatro tipos en un lugar y estamos hablando de un tema, eso es un panfleto.

En la cultura oriental existe un dicho que dice que cuando el agua no corre se estanca y se pudre y que lo importante es que el agua corra y que desemboque en algo, que tenga movimiento como la vida misma. Tu película tiene un poco ese doble juego con el agua.

También tiene que ver con la memoria y con la liberación. Hay una escena en que una pareja joven está bailando y el padre los mira y toma conciencia de que es hora de romper con todo, de dejar salir el agua estancada y que fluya. De alguna manera los personajes son como fantasmas. Están en un presente pensado en el pasado. La película puede que esté hablando del ’76 y ellos estén viviendo ahora. No me importaba mucho eso. Lo pienso desde mi óptica porque me gusta mucho jugar con esos tópicos: que los personajes usen cierta ropa que remita a una época pero que aparezcan otros objetos que hagan dudar del espacio temporal en que se desarrolla la historia. Yo hice películas que tienen que ver con los años ’20 y los personajes usan arito. El espectador los ve pero se olvida de eso, se queda mirando la película. Lo que sí me interesaba era mostrar ese momento de liberación como un momento de felicidad. Cuando el agua empieza a correr se va todo el pasado, es una gran liberación. Aparecen las flores y también la liberación total del personaje de la monja. Es un mensaje esperanzador. Siempre trato que mis películas lo tengan. Si la película no tuviera esa intención, hubiese terminado con esos tipos ahí ahogados en sus propios recuerdos, pero la historia es otra. Acá hay una salida; siempre tiene que haber una salida.

¿Creés que también hay una salida para el país también? De no volver a repetir estas historias. 

El país lo hacen los seres humanos y el poder los lleva a concretar este tipo de locuras. Yo te hablo desde el hecho puntualmente artístico. Artísticamente siempre hay salida. Las realidades siempre son mucho más complicadas. Sobre todo cuando hablamos de políticos. Ojalá que haya alguna lucecita que nos diga que todo va a estar mejor.

perrone 3¿Te gustan los festivales?

No. Hoy vengo a estrenar y ya después no vuelvo. No es que no me guste la gente que va a festivales, no me gustan los directores. No los soporto. No me gusta el ambiente del cine porque se la pasan repartiendo tarjetas. Es como un mercado persa. No hablan de cine, hablan de dónde vendiste tu próxima película, en qué festival la metiste, con quién hablaste y eso es pésimo. Cuando estrené Pendejos, la película estuvo como en cuarenta festivales. Yo estaba invitado a todos; podría haber viajado gratis por una año entero, pero no me interesa. He ganado premios en todos lados pero los premios me los mandan,  o no voy. El premio está bueno, pero que me lo manden (risas). Para viajar está Marley que hace siempre la misma pelotudez. Hay gente a la que le gusta. En mi caso, prefiero estar haciendo películas que también es una manera de viajar.

Te gusta jugar a ser el chico rebelde.

Es que yo soy así; soy más adolescente que cualquier adolescente. Los pibes hoy son viejos y boludos. Tienen treinta años y no saben qué carajo quieren hacer con su vida. Me siento muy pendejo. Hago cosas que un tipo de mi edad ya no debería hacer. Los tipos de mi edad juegan a las bochas, escuchan tangos; yo hago películas, que es mucho más divertido.



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