Ramon

Ramón Díaz lo hizo de nuevo

│Por Javier García│

River consiguió su estrella número 35 de la mano de su técnico más ganador. El riojano alimentó su leyenda al conseguir cortar con la segunda peor racha de River en su historia sin vueltas. ¿Cómo se explica el fenómeno Ramón-River? Inexplicable, pero aquí intentamos algo para entenderlo.

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No tiene explicación lógica. No ancla desde ningún lugar lindero con la razón. No tiene ningún goyete, ni parece seguir ningún patrón que permita establecer porqué. El tema es que, Ramón Ángel Díaz, más viejo y más “humano”, lo hizo de nuevo. River campeón. Perdón, el River de Ramón campeón. Así se terminó con seis años de sequía sin vueltas en la élite y con una racha que incluyó un fugaz paso por la B Nacional y la administración más magra de River en cuanto a títulos.

Ramón volvió a River a juntar los pedazos del jarrón chino de la abuela. El mismo había estallado contra el piso, el 26 de Junio de 2011. River en la B fue de Matías Almeyda y el Pelado cumplimentó lo que no había podido en la cancha: llevó a River de nuevo a su lugar. Fueron once meses de un calvario vestido de humillación. Pero River volvió y volvió campeón. Sin embargo, al ex número cinco no le dio la nafta en Primera. No pudo jamás encarrillar a un River que cometió cíclicamente los mismos errores que lo hicieron padecer en la B Nacional.

Daniel Passarella, ahogado y sin títulos, llamó al mejor plomero que River conoce para arreglar la pérdida en el caño maestro. Y Ramón, casi con el mismo equipo, sin Cavenaghi y Domínguez, se las arregló para llevar a River a las puertas del cielo: subcampeón de Newell’s. El Pelado reemplazó a Almeyda y ya demostró que, con él, las cosas iban a ser distintas.

River deliró con el 35, de la mano de Ramón

Sin embargo, lo que todo el mundo vislumbraba como una vuelta olímpica casi segura en el segundo torneo, se traduja en una pésima campaña, que dejó a River 17mo, y que incluyó perder elSuperclásico como local. Los cuestionamientos hacia Ramón explotaron “que ya no es el mismo”, “el equipo lo arma Emiliano”, “Deportivo Los Amigos de Ramón”. Y demás yerbas, algunas más certeras que otras. Cuestionamientos que incluso llegaron desde la cúpula de River, incluso el propio Donofrio, luego que un River reforzado únicamente con Fernando Cavenaghi, cayera sin atenuantes en Santa Fé, ante un Colón que todavía depende de un partido para no irse al descenso. Eran tiempos de Mousella y Ramón Díaz tenía los ídem contados.

Pero lo de Ramón Díaz y River es mágico. Ramón parece ser hecho a la medida de River. El Pelado se dio cuenta de varios errores, empezó a dejar en el banco a Leo Ponzio, confío en Ledesma-Rojas, alternando con Kranevitter, le dio libertades a Carbonero (jugador top del River campeón) y potenció a Balanta-Maidana y, como si todo esto fuera poco, le crecieron Funes Mori y Chichizola, dos héroes inesperados de un campeonato muy esperado.

River, luego de perder en Santa Fé, encauzó su propio rumbo. Como local no perdió más, pasaron, en fila, San Lorenzo, Arsenal, Lanús, Newell’s, Atlético Rafaela, Vélez, Racing y Quilmes. Afuera sacó valiosos empates en La Plata y Bahía Blanca e hizo pata ancha en dos canchas hóstiles: La Bombonera y el Diego Armando Maradona. Así configuró un presente de campeón. De Justo campeón. Ramón corrigió, sus jugadores entendieron, River empezó a “blindarse” de local y no volvió a perder, a excepción del polémico partido en Córdoba, con aquel gol o no gol sobre el epílogo.

El triunfo en La Bombonera encauzó al equipo, que luego de caer en Floresta ante All Boys andaba más por la irregularidad que otra cosa. Más allá del “no fue córner” o el “pitanazo”, River tuvo carácter para ganar en la casa del rival de toda la vida y, así, demostró que podía. “Ganarán y serán leyenda”, rezaba el video motivacional. Menos de dos meses después, River coronó el 35.

El micro y los fuegos artificiales. El festejo fue todo de los jugadores, afuera, Ramón hizo lo suyo.

El equipo de Ramón aprovechó que varios andaban desantendiendo el frente doméstico y el lapsus de Boca, que culminó el torneo de la mejor manera, pero que durante siete u ocho fechas iba a la deriva. Los tres triunfos conseguidos ante Lanús, Boca y NOB, en cadena, fueron la prueba cabal que River podía, que está vez, estaba para más. Los fantasmas del pasado prohibieron que el hincha de River creyera antes en este equipo. Desde que River se fue a la B, en el hincha vive el “Ver para creer”. ¿Qué está para campeón? Mmm. Y sí, estaba para campeón.

El final fue con otra cadena de victorias. Primero Racing, ese nieto eterno que tiene River. Sin Barovero, aún no en plenitud, Ramón volvió a confiar en Chichizola y el pibe le salvó el partido y el campeonato. Atajó un penal en el cierre y el Millo se llevó un 3-2 que lo puso líder sólo, arriba. Ese día River salió campeón. Después llegó Argentinos y River lo venció con autoridad a domicilio. Llegaba a la última fecha dependiendo de sí mismo. Nadie quería confirmarlo, pero todo olía a River campeón después de seis años.

Ramón repitió el once que le dio más ‘satisfaciones’: Barovero; Mercado, Maidana, Balanta, Vangioni; Carbonero, Ledesma, Rojas; Lanzini, Teo y Cavenaghi. Y ese once terminó el campeonato con un recital. Fue 5-0 a Quilmes y, como para que a Ramón le salgan todas, un bombazo del Lobo Ledesma, pilar de este River campeón y fetiche del riojano, desató el delirio en las entrañas de un Monumental a reventar. Y Ramón lloró. Se quebró. Se vislumbró más feo de lo que aún es, con esa mueca que lo mostró humano, con esa nariz aguileña, con ese corte de cara bien riojano y la piel con ese tono entre Ledesma y Carbonero.

Ramón lloró con el gol de Ledesma y con su River campeón.

Lejos quedó aquel riojano que no sabía hablar, pero que con “planteles que hasta dirigía mi abuela” llevó a River a tutearse con la cima del Mundo. Pasaron casi diez años desde aquel momento, en el medio un descenso, un ascenso, mil copas perdidas, mil copas sin jugar, un desfalco que le costó al club besar el fango y el resurgir que se consumó ayer, otra vez con Ramón: más viejo, más terco, más “humano”. Pero siempre Ramón. A Ramón lo trajeron para que juntara los pedazos del mejor jarrón de la abuela y ayer terminó de pegar la última pieza. River campeón, ganando 5-0 y con un baile descomunal a Quilmes. Ramón campeón, con los suyos adentro de la cancha y el oy, oy, oy resonando en sus orejas. Todo como debe ser. A la manera de Ramón, a la manera de River. En definitiva, ya son lo mismo.

Ramón sumó su octavo título con River. Consiguió ser campeón en su regreso y, en el primer semestre de 2015, tendrá por delante la Copa Libertadores de América. Desafíos más acordes a la historia del más campeón de la Argentina. Y, dentro del más campeón. El más ganador, el que la tiene más larga, el hacedor de milagros, el encantador de perros, el potenciador de burros, el del ojo clínico, el del culo descomunal, el más grande es Ramón Díaz. Mientras unos mastican bronca en un yate y otros están condenados al exilio eterno, Ramón Díaz volvió y dejó a River ahí, dónde nunca debió haber dejado de estar: arriba de todos. Mirando a todos de arriba, campeón y queriendo más. Así siempre fue River. Así era antes del dúo Aguilar-Passarella. Así debió haber sido siempre. Tuvo que volver Ramón Díaz para varios pibitos vieran a River por primera vez campeón. Tuvo que venir Ramón Díaz para que el Monumental volviera a conocer la gloria verdadera. Tuvo que volver Ramón Díaz para que Cavenaghi, gordo y todo como está, se volviera a aparecer a aquel mismo temible goleador que él hizo debutar en la Primera del Millo. Tuvo que volver Ramón Díaz para que River, una vez más, sea River. ¿Será magia? ¿Será mística? ¿Será sabiduría? ¿Será saber? Quizás un combo, quizás nada, quizás todo. Lo concreto es que Ramón Díaz lo hizo de nuevo. River campeón. El River de Ramón. Que la cuenten como quieran. Oy, oy, oy.



El artículo Ramón Díaz lo hizo de nuevo fue publicado originalmente en Rock and Ball
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