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Pez: “Empezamos a hablar de política cuando vimos que se venía la noche”

│Por Roque Casciero

La tapa del último disco de Pez es elocuente: un corazón bastante golpeado y machucado mira socarronamente mientras sopesa un garrote en la mano. Y el título Pelea al horror, que se descubre al dar vuelta el CD o el vinilo, completa la idea de una banda en actitud de rebeldía contra el presente. “Nunca fuimos de componer con el diario al lado, pero empezamos a hablar un poco de política cuando vimos que se venía la noche”, dice Ariel Sanzo, cantante, guitarrista y compositor del cuarteto. “Empezamos a expresar el descontento y a utilizar nuestro espacio para decir lo que pensamos. Igual, la letra tampoco es tan política, porque el horror puede ser personal. Pero somos conscientes de que la sacamos en este momento espantoso de lo que está pasando en el país. Nos dio no quedarnos callados, qué sé yo…”

Desde diciembre de 1993, Sanzo ha comandado Pez con voluntad tan férrea como voluble: pasaron 11 integrantes por la banda, que fue trío y quinteto antes del formato actual, con los “históricos” Franco Salvador (batería) y Fósforo García (bajo), a quienes se unió Juan Ravioli (teclados) en el disco anterior, Rock nacional. Pero ahora, a punto de presentar su nuevo trabajo en Vorterix, es tiempo de invitar a darle pelea al horror, “como para no sentirse solos”, según el cantante. “La canción habla del momento político y de bancar la parada. Fue muy loco, en 24 años nosotros nunca tocamos en ningún acto. De repente hicimos una canción llamada ‘Calabacita’, que surgió el día del acto de despedida de Cristina Kirchner como presidenta. La escribí como una canción de amor a ella. Ahí empezamos a hablar de otra cosa en las letras, pero de un modo en el que no se sabe de quién hablamos. Igual lo hicimos saber, porque subimos la canción y pusimos una foto de Cristina”.

Justo cuando se iba, como para que no los tildaran de advenedizos.
No, son letras que me pintan. Escribí “Maestro linya” porque veo un montón de gente durmiendo en la calle, pero ya había hablado de linyeras. Y sé que eso siempre está, esto nunca es Disney. Pero así como sé que nunca es Disney, también sé cuando es Mordor (risas). Me acuerdo de cuando estábamos en el medio… y ahora estamos en Mordor. Todos somos un poco boludos, pero tan boludo no creo ser, y yo viví, me acuerdo de cómo era. Por eso, también, me gustaba el título Pelea al horror para el disco.

¿Ya tenías la canción que le da nombre?
Sí… no me acuerdo cómo salió la canción. La verdad, no tengo idea. Seguramente, la letra surgió después de la música. Laburo de un modo muy raro, porque compongo en la sala entre ensayos. Cuando paramos para tomar algo, yo me quedo con la guitarra. No compongo mucho en mi casa porque no tengo la eléctrica… Compongo otras cosas, a la 1 de la mañana, cuando está la familia durmiendo, despacito con una acústica. Para componer rock tengo que estar en la sala. Y la letra la pongo cuando llega el momento de hacer los demos y a veces en la grabación del disco. No escribo letras, no tengo cuadernos como esos que escriben, ni nada por el estilo. No tacho, no corrijo… Por eso no me considero poeta ni nada de eso: escribo canciones de rock.

¿Y siempre estás seguro de que va a salirte una letra?
Es que a veces una letra son siete u ocho líneas. ¿Por qué tenés que estar un año atrás de eso? Si yo buscara “aquella” palabra, que no se repita y que rime con tal otra, habría sacado tres discos en lugar de todos los que hice. Hay cierta cosa estética en lo que escribo, no es coloquial, pero no soy de los que les gusta escribir y todo eso.

¿Pero no madurás las ideas?
No. Es tipo: “Hay que hacer la letra… a ver, poné el tema”. Y ahí voy. A veces tengo alguna palabra, aunque no sepa de qué va el tema. En la canción que hicimos con Fabián Casas (“La balada del niño mudo, el perro blanco y la señorita Bettie”) tenía una parte donde el tema cortaba y yo tenía la palabra “sentimental”. Sabía que iba a ir ahí e hicimos la letra alrededor de eso. Es algo que sale en el momento, de modo espontáneo. Me parece que es el único modo que tengo de encarar eso. No sé, es como el maestro mayor de obras, que no es arquitecto pero igual te construye: no soy escritor, pero siempre escribo letras. ¿Viste que algunos dicen “nunca usaría tal palabra en una canción”? Yo no, he metido palabras horrorosas en canciones (risas). No tengo problemas en poner a la cancha de Huracán en una canción.

Pez no tiene un disco igual al otro, aunque sí pueden identificarse ciertos “períodos”. Sin embargo, Pelea al horror reúne influencias de varias épocas de la historia de la banda. ¿Es el disco más Pez de Pez?
Sí, es como un compilado pero de canciones nuevas (risas). No fue algo que buscamos, de todos modos. Casi siempre hacemos discos temáticos desde el concepto sonoro: un disco de punk rock deforme, uno acústico, uno de canciones sin rollo raro, que tenga muchas voces… Y hacemos las canciones en ese universo. Es algo que pienso como un director piensa una película, no es que se trata sólo de juntar canciones… pasa eso, también: a veces no se trata solo de la canción que sale sino de la que vas a buscar. Para terminar este disco, por ejemplo, pensábamos en qué tipo de canción nos faltaba y eso fuimos a buscar.

¿Y qué era eso que les faltaba?
“Bettie”, porque fuimos a buscar la balada que el disco no tenía. Y cuando hicimos El manto eléctrico, que era un disco de trío después de mucho tiempo de otra formación, como ya habíamos hecho antes varios de trío –medio pesado, medio punk rock, con riffs y cortes-, quisimos hacer uno que fuera diferente. Por eso el disco es como más volado, con mucho delay y sin tanta distorsión, cuelgue… otra historia. Pelea al horror terminó siendo un disco en el que por ahí cada canción te remite a una época distinta de Pez. Si alguien no conoce a la banda, es un buen disco para empezar.

Foto: Cecilia Salas

Foto: Cecilia Salas

¿Por qué son tan cambiantes?
Yo soy así… ¿viste que me dejo la barba, me afeito, me dejo el pelo largo, me rapo? Yo qué sé… me parece que Pez es todo lo que hacemos. Somos una banda que desde el rock hace música sin sentirse limitada por lo que se supone que sea el rock. Nos consideramos músicos, nunca dentro de un estilo, más allá de lo abarcativo del rock. Ya en el primer disco había un poco de todo, siempre nos interesó no ser una sola cosa. También nos gusta de todo: no somos de esos artistas que no escuchan música. Compramos discos, buscamos, somos enfermitos. Todo nos influye de algún modo y, como son influencias diversas, nos llevan a hacer cosas distintas.

Esa melomanía de la que hablás, ¿no puede llegar a jugar en contra a la hora de las influencias?
Mirá, en la canción “1986” fraseo una parte de un modo que es exactamente igual a Big Audio Dynamite. Y no lo saqué porque la referencia me gustó a mí en primera instancia. Yo entiendo al rock como una cuestión folklórica, a esta altura; como Dylan tocando los blues: ¿de quién son esos temas? No te digo robar el riff de “Humo sobre el agua”, pero hay cosas que ya fueron escuchadas y todo bien… creo que se ve de lejos la intención de quien está reverenciando y disfrutando de algo, o quién está choreando. Pero sí, reconozco ciertas influencias en determinados momentos de la historia de Pez.

¿Y podés identificar cuando estás en cada período?
Obvio… por el corte de pelo (risas).

Muchas veces dijiste que el sonido de Pez no es retro sino clásico. ¿Es algo que buscan?
Somos así, es lo que nos sale. Todo lo que sea búsqueda está en la composición, pero Pez interpreta a su manera. No tenemos muchas formas de interpretar… toquemos lo que toquemos, igual se escucha a Pez. Y eso para mí es bueno. Puede ser un disco medio acústico o uno progresivo, pero suena a Pez. No creo que seamos demasiado versátiles: hemos desarrollado ese sonido y es lo que sabemos hacer.

Mencionaste la canción “1986”, en la que recordás la movida de esa época en lugares como Cemento o el Parakultural ¿Sos nostálgico?
Supongo que sí… de chiquito era nostálgico de cosas que no había vivido, de la infancia de mis viejos. Me hubiera gustado ser chiquito con mis viejos o mis abuelos, en Pompeya. No sé, la nostalgia está buena, tiene algo que ver con la raíz.

Pero muchas veces queda asociada a algo que te detiene ahí.
Ah, no, no es mi caso. Este disco tuvo algo que es que varios temas hablan de otros temas o que continúan la temática. Eso puede ser tomado como falta de imaginación, pero a mí me gusta. De ahí viene lo de hablar de 1986, que ya estaba en otra canción llamada “Cassette”. Pero no sé si hay muchas más letras de Pez que hablen del pasado. No estamos atrapados en el pasado, no somos retro. Hacemos rock clásico, pero hecho desde ahora. No me pongo pantalones pata de elefante y pienso que soy Edelmiro Molinari; estamos ahora haciendo lo que hacemos. Que es rock clásico como el que escuchamos, pero nunca nos interesó el dangerfourismo.

¿Se puede inventar algo nuevo en el sonido de rock?
Mirá, el otro día fui a ver a (Gustavo) Santaolalla y el show me pareció alucinante, todo súper arriba, pero lo terminó con un tema de Bajofondo, que es un dolor de huevos infernal (risas). ¿Por qué había que modernizar el tango? No hacía falta mezclar tallarines con dulce de leche. Es lo que pienso yo… no creo que me produzca Santaolalla (risas). Hay innovaciones que no son necesarias. Es como si tuviéramos que usar otros instrumentos porque pasó de moda la guitarra. Y bueno, desde ese lugar, nosotros usamos las herramientas de una banda de rock clásico.



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