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Paloma Urtizberea: “A partir de las redes surgieron un montón de movimientos sociales”

│Por Ramiro Speranza

La llegada de Internet de forma masiva a todas las casas, celulares, computadoras y dispositivos del mundo, sin duda ha modificado el rumbo de la historia; es muy difícil imaginar cómo sería nuestra vida cotidiana sin la conectividad con la que hoy vivimos. Y en todo este cambio, las redes sociales tomaron un papel fundamental. Desde el principio, se convirtieron en un ámbito que atrajo el interés y la atención del público en general por su accesibilidad y que consiguió, de inmediato, obtener un rol preponderante en la rutina diaria y la forma en la que nos comunicamos. Pero no solamente han sido un lugar de entretenimiento y compartimiento, sino algo mucho más grande, incluso más de lo que sus propios creadores hubiesen siquiera imaginado. Es que gracias a éstas se han dado grandes avances, visibilizado luchas sociales y conseguido cambios a escala global en muchísimos aspectos. Para muchos, se trata de uno de los mayores inventos que se han dado a lo largo de toda la humanidad, por la trascendencia que adquirieron y la influencia que pueden tener para que las personas, de forma directa, sin intermediarios, puedan hacer valer su voz. Pero, como todo lo bueno, también está la otra cara de la moneda; es que, además, son el “centro del mal”, el lugar donde se concentra toda la peste e inmundicia de la sociedad y dónde ideologías nefastas, que parecían extintas, volvieron a hacerse presente y, lamentablemente, más fuertes: son la casa del racismo, la xenofobia, la discriminación, el anonimato, la cobardía, el amedrentamiento constante y la falsedad absoluta. En resumen: son tan complejos como la sociedad en sí misma, porque básicamente son su materialización digital, y por eso vale la pena que sean estudiados con tanto énfasis.

Paloma Urtizberea se describe como “física por vocación y neurocientífica por elección”. Su amor por la ciencia, las interacciones humanas y el cómo la información incide en las ideas y la vida de las personas, la llevaron a estudiar las redes sociales. De entre varios proyectos que realizó, este año se destacó el scrapeo y análisis de datos del hashtag de Twitter #AbortoLegalYa en la previa, durante y luego del debate de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en la Cámara de Senadores de la República Argentina, con el fin de investigar tanto cómo se abordó el tema desde la plataforma como de qué se trata la militancia por Internet. Gracias a esto se descubrieron datos más que interesantes: el 45% de las publicaciones se originaron en Argentina, siendo el otro 55 provenientes de distintos países del mundo, y el pico máximo de tuits se produjo el día previo al debate en el Senado, lo que demuestra que aquellos que trataban de impulsar el proyecto lo hicieron antes del propio debate para luego poder salir y tomar la calle para hacerla parte de su reclamo. Este y otros descubrimientos fueron revelados en una Keynote que realizó en la pasada Media Party en el Konex, y que presentó estos últimos días en la Mozilla Festival en Londres, Inglaterra.

La científica dialogó en una imperdible charla café con Desgrabados, contó su historia, su amor por la ciencia y el motivo que la llevó a realizar el relevamiento de datos sobre uno de los hashtags más populares de la campaña por el Aborto Legal en Argentina. Además, la integrante de Chicas Poderosas y Chicas Programando habló de su admiración por Marie Curie, una de las tres únicas mujeres en la historia en ganar el Premio Nobel de Física, y se refirió a las dificultades que tienen que atravesar las mujeres a la hora de querer dedicarse profesionalmente en este rubro, dado todo el prejuicio y sesgo machista que existe aún, pese a los avances a nivel social y cultural.

  • ¿Cuál es tu historia? ¿Cómo te interesaste por las redes sociales, las matemáticas y la física y de qué manera lograste relacionar todos esos campos, que parecen muy diferentes entre sí?

Mi camino fue súper errático. Si mirás atrás en mi corta trayectoria, mucha gente me dice que no entiende qué es lo que quería hacer, y yo tampoco, ja. Empecé estudiando ciencias políticas. Siempre me interesó la política, las interacciones humanas y las relaciones de poder, pero me di cuenta que en esa carrera no me hallaba, por la metodología quizás, y ahí me cambie a física, todo lo contrario. En física me enamoré del ‘no límite’, hay millones de cosas por descubrir y de las que se puede investigar, porque el mundo es abierto y complejo; eso me atrajo mucho, el desafío de poder ir por cualquier lado y saber que, pase lo que pase, iba a estar bien. Pero también siempre fui una oveja negra; todos mis amigos, compañeros y profesores se dedicaban a cosas que a mí no me interesaban para nada. Entonces empecé a buscar alternativas a esos temas porque sino me tenía que cambiar otra vez. Ahí encontré la neurociencia y empecé a trabajar en cómo funciona el cerebro, las neuronas y cuestiones, quizás, más técnicas, hasta que conocí el laboratorio de Mariano Sigman y fue un antes y un después en mi vida. Fue allí donde descubrí que hacían de todo, que era básicamente lo que yo estaba buscando, no tener ese límite; no me imaginaba horas y horas leyendo una formula y viendo cómo resolverlo, esa vida no es para mí. Ahí conocí a Guillermo Solovey, a quién le debo un montón de aprendizaje y paciencia, que estaba trabajando con una politóloga llamada Lorena Moscovich y con Eduardo Yeyati, del Instituto Don Torcuato Di Tella, tratando de entender cómo incidía la información en nosotros y cómo podía generar polarización de grupos: la famosa “grieta”. Yo estaba fascinada, había encontrado la forma de mezclar todos mis intereses en un sólo lugar. El primer experimento que hicimos fue una especie de “prode político” donde tenías que apostar, más o menos, cómo iban a salir las elecciones legislativas del año pasado y después te presentábamos una serie de encuestas, en formato de noticias, donde decíamos que todo era mentira para ver cómo cambiaba la gente dependiendo de si la información coincidía con su ideología o no. Todo esto lo hicimos en formato digital y conseguimos que 1500 usuarios participaran, un número que, para experimentos, es muy difícil de obtener. Ahí fue cuando yo dije: “acá hay algo; no puede ser que yo, desde mi casa en Vicente López, codeando un par de cosas, haya conseguido que gente en Córdoba o Mendoza responda esto”. Ahí fue cuando empecé a meterme en el mundo profundo de las redes sociales. Este año fui becada para hacer un Curso de Especialización en Análisis de Datos y Redes Sociales en la Universidad de Tennessee, Estados Unidos, donde aprendí muchísimo. Pero, pese a la capacitación y aprendizaje, también fue algo de lanzarme a hacerlo sola y entender que la comunidad de tecnología y ciencia de datos es muy generosa; somos poquitos, pero súper manijas. Es un camino difícil al ser mujer, somos pocas y hay mucho prejuicio y sesgo de “demostráme que podes hacer las cosas bien” pero, para mí, fue ponerle energía, ganas y actitud, salir a hacer las cosas por mi cuenta. Los límites no existen y eso es lo que más me maravilla, que una puede explorar lo que quiera porque Internet es un universo enorme e increíble.

  • En una nota que publicaste en Economía Femin(s)ita el pasado año hablabas de la poca cantidad de mujeres estudiando física y carreras de ciencias duras, además del estereotipo y el “ésta carrera no es para vos” que, pese a ser 2018, aún sigue existiendo. ¿Cómo fue hacer la Licenciatura en Física en ese contexto? ¿Cúal fue tu experiencia en medio del sexismo que existe tanto en ese cómo en otros rubros, donde todavía las mujeres tienen que luchar por un lugar que les debería pertenecer?

Yo nunca me di cuenta que era feminista hasta que me tuve que enfrentar con el machismo; no encontraba diferencias en casi nada entre hombres y mujeres. Yo tengo una personalidad fuerte y carácter, pero me di cuenta que era mujer y que eso era un problema cuando, de repente, estaba en la facultad y yo hacía un comentario, me miraban y se daban vuelta como si nadie hubiese hablado. También cuando yo comentaba que tenía otros intereses en la neurociencia y me decían “claro porque sos mujer, no estás para la física dura”; y no era eso, yo estoy a punto de recibirme, yo puedo hacer las cuentas que hay que hacer, pero no me interesaba. Y después estar en el mundo de la ciencia y la tecnología, en el que son todos hombres y están acostumbrados a trabajar entre ellos, es raro. Yo me daba cuenta de que a mí me hacían más preguntas sobre mis hipótesis e ideas que a los otros; tenía que estar constantemente explicando el porqué estaba bien lo que decía. Y ahí dije: “esto está mal, es una locura”. También me pasó de tener discusiones con muchos científicos importantes, con puestos altos en el CONICET, que estaban convencidos de que “el cerebro de la mujer no estaba capacitado como el del hombre para dedicarse a cuestiones que tienen que ver con la lógica”, algo totalmente denigrante. Ahí les propuse a las chicas de Economía Femini(s)ta escribir una nota sobre este tema para que se dejen de decir pavadas, hay un montón de papers que demuestran que eso no es verdad y otros que dicen que sí pero que están claramente mal hechos, que no se pueden reproducir y que, en su mayoría, fueron realizados en la década del 80; hoy el mundo cambió al igual que las metodologías, los procesos, etcétera. Ellas fueron súper generosas conmigo y pudimos sacar esa publicación que estuvo buenísima. Se habla poco de esto y está en todos lados. Me pasa de verlo hasta con chicos chiquitos; cuando le dicen a una nena que “la matemática es para varones” a mí se me parte el alma. Yo tengo una sobrina de ocho años a la que todo el tiempo le digo “vos sos una mujer poderosa, ¿escuchaste?”, ja. Es un poco eso, es un mundo en el que no hay que aflojar. Y yo pienso que, así como el sexismo existe, nosotras, como feministas, tenemos que ayudar a los hombres a que salgan de esa red de sesgos e ideas mal formadas que se arrastra hace un montón y es muy difícil de cambiar. Es un poco mi misión en todo esto: sabemos que tenemos este problema, estoy enojada porque pasa, pero también quiero cambiarlo.

  • ¿Sentís que las redes sociales cumplen un rol fundamental en la lucha feminista, más allá del peso histórico que tiene la calle en los reclamos sociales?

Totalmente. Fue de las cosas que más estoy trabajando en este momento. Yo siempre digo que las redes sociales es un mundo reducido, no es el completo, y más acá en Argentina, que tenemos tantas diferencias y somos tan capital-centristas y no sabemos ver que está pasando en otras provincias y cómo se mueve, además de que en ellas hay personas que no tienen accesos a las mismas; pero sí, aunque sea un nicho, está y hay un montón de información. A partir de las redes surgieron un montón de movimientos sociales y se empezaron a hacer denuncias que antes no se hacían por miedo o cualquier otra razón. A partir de esas cosas se comenzaron a desarrollar herramientas y generar una comunidad súper interesante. Por otra parte, lo que yo siento del movimiento feminista es que parece la izquierda, está fragmentado en 500 mil agrupaciones y cada uno con distintas diferencias en cuánto al cómo se encaran los proyectos y al propio feminismo, pese a son interesantes y no hay que minimizarlas. Sin embargo, en las redes hay una especie de unión y de sentir que estamos todas en la misma y que tenemos que combatirlo pese a las diferencias que pueda haber.

  • ¿Y qué pasa cuando las redes sociales también se convierten en el ‘centro del mal’?

Hay algo que se llama Burbuja Informativa y es que uno se mueve siempre en la “zona de confort” y la información que uno recibe, o que va a aceptar como cierta, depende casi permanentemente en si coincide con nuestra ideología o no. La agresión en las redes sociales es algo que se da con una impunidad muy grande, es muy fácil sentarte en una computadora e insultar; incluso desde el feminismo, yo a veces critico el escrache incendiario tipo “tal me hizo esto” y que, al toque, se convierte en acusado que no tuvo tiempo en defenderse porque fue algo sin freno. Tiene esos límites medio difíciles que, incluso, cognitivamente no estamos listos para entender cómo funcionan. Son el lugar de la “libre expresión” y es por eso que son un ámbito muy interesante para analizar. Sin embargo, pese a todo, el mal no es tan grave como todo el bien que generan. Otro punto interesante es el tema de los menores de edad, principalmente chicos chiquitos, de 12 y 13 años, que manejan mejor las redes que yo, que las investigo, ja. Ellos están constantemente expuestos a un montón de cosas y gente que tiene muchísimas malas intenciones y que han dado en todos los casos de grooming que se conocen y en otras cuestiones que son peligrosas y realmente preocupantes. Hay que tomar conciencia y hablar, que eso es lo más importante; todos sabemos que existe y por eso tenemos que militar por el bien de las redes sociales, de la comunicación y la información que se puede sacar a través de las mismas. Hay que denunciar y no quedarse callado.

  • Hay un debate complejo que es el de la regulación de las redes sociales. Mientras algunos manifiestan que es algo necesario y que significaría el fin, por ejemplo, del anonimato y el amedrentamiento de teclado, otros opinan todo lo contrario, que sería una censura y coartada contra la libertad de expresión. ¿Qué pensás vos al respecto?

Hay una realidad y es que regular Internet es muy difícil. Se ve en otros países, más avanzados que el nuestro, en el que están estos intentos y no sé qué tan exitosos fueron. Estoy a favor de la libre expresión y de que todos tenemos que tener una voz, siempre que esa voz no viole los Derechos Humanos, ese es el límite de todo. No quiero que haya racismo, xenofobia, discriminación, insultos, grooming y acoso sexual. Estoy a favor de una regularización, que exista una ley. Para mí el debate del Aborto de este año fue un caso emblemático a la hora de darnos cuenta de cómo funciona el Congreso en general. Yo creo que la política argentina no está preparada para debatir temas de este estilo, y los que sí saben, los especialistas en la materia, no sé por qué no salen a tomar esas riendas, quizás porque es una lucha muy difícil. Me encantaría que exista, pero no lo veo posible en el corto plazo por todo el atraso que tenemos a nivel sociedad y el cómo nos informamos. También hay un tema complejo y es que, quién se encargue de llevar a cabo esto en la práctica, no puede regular en base a creencias, sino al bienestar de la sociedad. Es un punto súper sensible y en el que se necesitaría un debate complejo, pero siento que haría falta.

  • ¿Cómo surgió la idea de realizar el relevamiento de datos sobre el hashtag #AbortoLegalYa? ¿En qué momento sentiste la necesidad de scrppear los datos de Twitter y analizarlos? ¿Qué fue lo más importante que te dejó dicho proyecto?

Todo empezó cuando vi que en Twitter había un Bot que tomaba tuits de personas que estaban en contra del aborto, los reformulaba y tuiteaba frases sin sentido, mostrando el nivel de poca información de la gente que militaba tan fervienta y violentamente en contra de la legalización. Y ahí pensé: “Hay un Bot que está haciendo esto, pero yo quiero saber sobre aquellos que están tuiteando con este hashtag y porqué lo hacen, quiénes se están movilizando por el debate”. Principalmente, lo que más me movilizó fue cómo, en el debate en la Cámara de Diputados, la gente les pedía directamente a los dirigentes, arrobándolos, que voten a favor del proyecto para que no haya más muertes de mujeres en abortos clandestinos, y hubo un montón que cambiaron su opinión o terminaron de definirse por el voto positivo a través de la presión de la calle y las redes sociales; en eso vi algo grande que estaba cambiando todo. Ahí fue cuando surgió todo y empecé a hacerlo. Pese a todas las limitaciones de Twitter, lo pude hacer de a poquito y encontré cosas muy interesantes: el día anterior al debate en el Senado fue el pico de tuits con el hashtag y sólo el 45% salieron de Argentina, el mundo nos estaba mirando. Esas cosas que fui encontrando fueron, para mí, fascinantes. Cuando veo que hay un efecto real que se mide, que está ahí y se está moviendo me moviliza muchísimo; será un nicho o un grupo, no importa, existe. Yo creo que las redes sociales lo que hicieron fue darle voz a las mujeres, al movimiento, darle identidad, contención y, además, el sentir esta cosa de ‘no se terminó acá’. La IVE es una ley que se va a debatir el año que viene y que va a salir, estoy completamente segura de eso, porque tiene que salir. La realidad es que, por más que tengamos un Papa argentino y este sea un país católico, no vamos a permitir que los derechos humanos sean coartados por eso y que una cruz sea más importante que la vida de las mujeres. Y más teniendo en cuenta que la Ley de Educación Sexual Integral está aprobada pero no la quieren implementar; y que, encima, los mismos de pañuelo celeste salieron a decir que “no hay que meterse con sus hijos”, que es otro hashtag que estoy scrapeando para analizar. ¿No te metas con mis hijos, qué?, tenes que enseñarles a tus hijos que si les tocan sus genitales no es una caricia, es abuso y enseñarles cómo cuidarse para evitar enfermedades de transmisión sexual o tener un embarazo no deseado y llegar al aborto; nadie quiere que la gente esté abortando, luchamos para que si alguien lo requiera pueda tomar esa decisión de no tenerlo, como pasa en un montón de países avanzados. Esto no terminó acá.

  • ¿Y, particularmente, cómo viviste ambos debates en el Congreso?

Fueron súper emocionantes. Yo estuve en la calle, es el primer lugar donde una sale, además de estar tuiteando, ja. La sensación de sororidad, de saber que todas estábamos ahí por eso, y ver chicos y adolescentes concientizados, con opiniones formadas, es algo maravilloso y emocionante. Ver a una chica en la entrada de un colegio con el pañuelo verde es tremendo, me moviliza muchísimo. Después dicen que “a la juventud no le importa nada”, que “están en cualquiera”, y yo los veía en la calle. Fueron dos jornadas desgastantes también, por la energía y los nervios que una tenía y le ponía a la situación. Me pasó de sufrir, también un caso de agresión, justo en frente de la Quita de Olivos, por parte de ‘pañuelos celestes’. Eran 20 personas nada más pero había un clima muy raro, tenían antorchas y banderas de argentina, todo muy bizarro. Me bajé del colectivo, que había tenido que desviarse, y yo justo estaba con el pañuelo verde en la mochila. Me crucé de calle para evitar esa manifestación, pero justo unos tipos me vieron y, de la nada, me empezaron a correr; yo por dentro, mas allá de la desesperación que tenía en el momento, pensaba: “esto no tiene sentido alguno”. Es que nunca tuve tanto miedo en mi vida, y eso que había policías que, obviamente, no les importó nada, porque ni se inmutaron. Al rato dejaron de correrme porque se dieron cuenta que yo no estaba para “agitarla”. Esas situaciones me chocan un montón. Después de la sesión de diputados iba con la mochila y el pañuelo verde y me decían “que habíamos ganado”, y después de senadores “que habíamos perdido”; esto no es un partido de fútbol ni de nada, es una discusión seria. Hay algo que tienen que entender todos y es que no nos callamos más y que, tarde o temprano, va a ser ley. De eso no tengo duda alguna.

  • ¿Qué significa para vos Marie Curie?

Es mí ídola máxima. No la aceptaban en la Asociación de Ciencias por ser mujer, y tenía un temperamento que le permitió abstraerse de todo y decir: “a mí no me importa”. De hecho, el Nobel de Física, el primero que ganaba una mujer en la historia, se lo dieron junto al marido porque “no se lo podían dar sólo a una mujer”; él también se dedicaba a la radiación pero que no estaba en el tema por el cual le dieron el nobel, lo metieron por comodín, por “hombre”. Uno de los problemas que tenemos las mujeres en ciencias es que no tenemos modelos de roles, no tener a quien imitar. Marie Curie es uno de los modelos a seguir, en cuanto a ciencia y lucha, pero falta la visibilización de otras mujeres científicas. Somos pocas las que estamos ahí, las que nos movemos, y muchas menos las que tiene acceso a posibilidades de rango de poder altos, entonces es muy complicado. Yo estoy súper emocionada por el Nobel de Física, que este año se entregó por un descubrimiento y avance tecnológico impresionante que, seguramente, va a tener impacto masivo en un montón de áreas en el corto y mediano plazo; y es que, de las tres personas que lo ganaron, una es mujer. Sólo tres mujeres en la historia ganaron el Nobel de Física. Entonces una se pregunta: “¿Por qué no estamos hablando de Donna Strickland?” El mundo de la ciencia es extremadamente machista, siempre el conocimiento es “una herramienta del hombre” y de la mujer es “la sensibilidad”, entonces, ¿cómo una mujer se va a poner a discutir si debería ser dulce y sensible y el hombre no? Es una lucha de muchos años y que va a seguir, pero lo importante es dar pelea.



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