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Para que reine en el pueblo el amor y la igualdad

│Por Noelia Barral Grigera

Alberto Fernández marcó en su discurso inaugural cuál será el eje de su gobierno: la equidad. Económica, social y de género. Dijo que va a escuchar a todos pero ya avisó: los que más tienen van a tener que hacer su aporte.

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Alberto Fernández asumió la Presidencia con un diagnóstico, una propuesta y una advertencia. El país está “en una situación de virtual default”, dijo. Pero hay que “salir de la lógica del ajuste” y “quien tenga más capacidad” deberá aportar más para atravesar este tramo de la crisis. Con esas tres definiciones, su discurso inaugural indicó el gran lineamiento con el que comenzará su gestión: un piso mínimo del diálogo y consenso que no implica creer ni querer que no haya tensiones.

El Presidente tomó la posta ante la Asamblea Legislativa del mandato que el electorado le dio el 27 de octubre: como jefe del Estado, reconoció primero la existencia de la desigualdad económica (entre muchas otras desigualdades que marcó en su discurso), la registró como endémica del sistema y no como responsabilidad de cada individuo particular, y anunció finalmente que es decisión de su gobierno intervenir sobre ella para inclinar la balanza en beneficio de quienes hasta ahora fueron perjudicados. “Comenzar por los últimos para llegar a todos”. Lo dijo tres veces.

“No existe la posibilidad de pedirle sacrificios a quien tiene hambre, no se le puede pedir sacrificios a quien no puede llegar a fin de mes. Le pediremos mayor esfuerzo solidario a quien tenga más capacidad de darlo”. Ese, y no otro, fue el anuncio más importante del discurso inaugural. Porque marca un eje, un norte. Porque explica cada una de las decisiones que tomará el Presidente. Y porque, en cuatro años, será el parámetro para evaluar los resultados de su gestión.

Sabe Alberto Fernández de las tensiones que la puja distributiva provoca en la Argentina. Y sabe que el gran riesgo de volver a plantear esa discusión desde el Estado pasa por que la Justicia sea “utilizada para saldar discusiones políticas”, los disensos sean judicializados “para eliminar al adversario de turno” y aparezcan los “servicios de inteligencia, los operadores judiciales, los procedimientos oscuros y los linchamientos mediáticos”. A todo eso le dijo Nunca Más. “Las debilidades y las insuficiencias de la democracia sólo se resuelven con más democracia”.

El discurso marca, además de un norte, un regreso. Después de la tecnocracia y su meritocracia, vuelve a ser la política la forma para procesar de manera democrática las discusiones que, muestran la región y la historia, si no se dan con las herramientas de la política, se dan con la Policía en la calle. Volvió la política para plantear los desacuerdos que, si se silencian, terminan en estallidos y muertos pobres. Volvió la política porque nunca nada no vuelve más.

Su vicepresidenta, la conductora de la mayor parte del movimiento político que acompaña al Presidente en la gestión y que ayer desbordó la Plaza de Mayo, recogió la profundidad del mensaje. “Presidente, confíe en su pueblo, que no traiciona. Son los más leales. Sólo piden que los represente. No se preocupe por las tapas de un diario, tenga fe en el pueblo y en la historia”. Desde hace meses, y como parte de la estrategia de unidad del peronismo que le permitió al Frente de Todos ganar las elecciones, Cristina Fernández de Kirchner trabaja en cimentar esa relación entre el Presidente y su pueblo. “Convóquelo cuando lo necesite por causas justas”.

Demostrando además un registro de la época indispensable en quienes pretenden hacer historia, habló el Presidente de la violencia machista, de la desigualdad estructural que provoca que las tareas de cuidado siempre estén a cargo de mujeres, de los que sufren porque son discriminados por su color de piel, porque se visten distinto o porque no son heterosexuales. “Esa discriminación debe volverse imperdonable”, dijo. Porque es imperdonable.

El contraste con el gobierno del ex presidente Mauricio Macri y los ex ministros Patricia Bullrich y Nicolás Dujovne es inevitable al recorrer cada uno de estos lineamientos, pero no estuvo puesto ahí el foco del mensaje. Alberto Fernández no se propuso como opositor de la oposición. En la Plaza, calló a la militancia cuando comenzaba a cantar “Mauricio Macri la puta que te parió”. Y es que Macri ya fue, Vidal ya fue. No son ellos ahora su preocupación. Las batallas serán otras.



El artículo Para que reine en el pueblo el amor y la igualdad fue publicado originalmente en Cenital
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