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Para la alegría de toda la gente… De River

│Por Germán Balcarce

De manera heroica, teniendo en cuenta el penal que atajó Marcelo Barovero, River venció 1-0 a Boca y se clasificó luego de once años a una final internacional. El próximo miércoles, ante Atlético Nacional de Medellín, jugará el compromiso de ida.

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El hincha se lo merece como nadie. También Marcelo Gallardo, que perdió a la persona que lo trajo al mundo para deleitar a los fanáticos del Más Grande. Suena emotivo. Y ésa la idea. Disfrutar de este presente Porque el sentimiento de emoción es gigante. El Millonario eliminó al Xeneize, para toda la alegría de la gente. Para demostrarle otra vez a los de azul y amarillo -oro, jamás- quién es el campeón más poderoso de la historia.

River se levantó frente a la adversidad. Lo hizo en el peor momento de su vida. Supo poner la mejilla y dar la cara cuando el dolor del alma superaba a cualquier tipo de herida tangible. Y anoche no fue la excepción. Es que apenas iban 17 segundos cuando a Germán Delfino se le dio por exhibir una autoridad inexistente en él al sancionar un penal que jamás se hubiera animado a cobrarlo para el Millonario en las cercanías del Riachuelo.

Baldazo de agua helada para tanta efervescencia generada desde el entusiasmo lógico y un recibimiento de colección. Hubo falta de Ariel Rojas sobre César Meli. Fue involuntaria, accidental. Casi imposible de cobrar en un partido tan trascendental. Pero entre un hincha que usó su láser -te convertiste en héroe, querido anónimo- y la mano derecha de Marcelo Barovero lograron que Emmanuel Gigliotti se ahogara en un grito de gol que no pudo ser.

A barajar y dar de nuevo. Había mucho nerviosismo. Ninguno de los dos equipos mostraba comodidad. En ese contexto, la reacción de River fue propia de un conjunto con alma ganadora. Doce minutos después de que Trapito se luciera, llegó la jugada maestra. Rodrigo Mora capturó una pelota perdida, descargó con Leonardo Ponzio, que abrió rápido y preciso hacia la izquierda. Allí, Leonel Vangioni sacó un centro rasante para que Leonardo Pisculichi resolviera con una jerarquía descomunal.

Sin embargo, al equipo del Muñeco le costaba serenarse para aprovechar al máximo su poder desequilibrante. Recuperado en materia física, jugaba un decibel por encima de lo que exigía cada acción tanto en la elaboración como en la marca. Aunque el asunto cambió por completo en el segundo tiempo. Carlos Sánchez asumió un protagonismo definitivo, Ponzio fue un león y Teófilo Gutiérrez tuvo un andar exquisito.

Fue tan grande el dominio de River en el complemento que más allá de algunos envíos aéreos esporádicos, Boca no lo inquietó. Ni siquiera pateó al arco. En cambio, el Millonario remató diez veces. Podría haber estirado la diferencia. No fue necesario. Hubo garra, corazón y mucho más para sostener la ventaja. Todos corrieron. Todos metieron. Hasta Fernando Cavenaghi, lejos de su plenitud todavía, puso el alma para impedir que los adversarios pudieran prosperar en un avance.

El carácter de River, invencible con los titulares, le dio lugar a la fiesta en las tribunas. Es quer fue capaz de lograr, genialidad de Teo mediante, que su rival de toda la vida agonizara en los últimos segundos. La expulsión de Daniel Díaz y la ternura que causó Agustín Orion apurándose en vano -te hubieras acordado el 5 de octubre, campeón- mientras su compañero veía la roja, fue una muestra de ello. Entonces, el pitazo final desató la locura. Abrazos multiplicados. Lágrimas de felicidad. El orgullo de ser de River. Un River que vuelve a ser River mientras Boca está muerto en términos futbolísticos. Para toda la alegría de la gente. ¡A la final, Millonario!



El artículo Para la alegría de toda la gente... De River fue publicado originalmente en River un sentimiento
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