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Lee Ranaldo: “Los músicos seguimos siendo juglares”

│Por Roque Casciero

La canción con el título más revelador del último disco de Lee Ranaldo es “New Thing”: nunca antes el ex Sonic Youth se había aventurado por los caminos que eligió para Electric Trim. Tal como se lo había adelantado a Silencio antes de su última visita a Buenos Aires, el trabajo del cantante y guitarrista “fue muy parecido al de los discos experimentales de los 60”. Y ahora, a punto de regresar para presentar el disco en formato acústico –el 20 de diciembre en Xirgu Espacio Untref-, amplía la idea: “Siempre me fascinaron los discos hechos así, aunque ciertamente no es el modo en el que trabajó Sonic Youth durante 30 años. Nosotros trabajábamos en la tradición clásica en la que aprendés tus canciones, ponés los micrófonos y grabás a la banda”.

“Este disco no iba a ser así porque ni siquiera había una banda en el panorama, aunque todos los muchachos de The Dust (su grupo del álbum Last Night on Earth) hayan grabado, junto a otra gente (como Nels Cline y Sharon Van Etten). Pero la idea era construirlo con el estudio como herramienta. Para alguien como yo, que siempre estuvo enamorado de álbumes como Pet SoundsRevolver o Dark Side of the Moon, era una gran oportunidad de escarbar profundo en las posibilidades del estudio mientras hacía el disco de un modo diferente, y eso me atraía mucho”.

Una de las particularidades de Electric Trim es que incluye samples y electrónica, que es el modo en que trabaja el barcelonés Raül “Refree” Fernández, que coprodujo el disco. ¿Fue algo que buscabas o simplemente apareció ese modo de trabajar en el estudio?
Un poco de cada cosa. Sabía que él trabajaba de esa forma, así que esperaba algo así. El método de trabajo en el estudio fue diferente para mí porque involucraba tracks con click y alto uso de la computadora en un modo que no la utilizo normalmente, pero estaba muy interesado en esa idea. Habíamos trabajado juntos en un disquito llamado Acoustic Dust en Barcelona, en 2013, y todo había funcionado muy bien. Y en esas sesiones él me había dicho que le gustaba mucho mi manera de cantar, así que sabía que éste disco iba a estar realmente enfocado en eso por sobre todo lo demás. Ambos sentíamos que este disco tenía que estar enfocado en mi canto. Y ésa era un área que yo quería explorar y definir más.

¿Por qué?
Siempre me interesó cantar y siempre fui una especie de cantante, pero recién cuando me establecí como solista pude cantar todo lo que quería, porque en Sonic Youth cantaba una o dos canciones, ése era mi lugar en esa banda. Pero en este momento de mi vida y mi carrera, es una de las cosas más interesantes que puedo presentar. Estoy en una especie de transición entre ser un guitarrista que también canta a un cantante que también toca la guitarra. Me parece que hoy la mayor fuerza de mis conciertos está en la voz. Es algo en lo que trabajé mucho para este disco y que ciertamente voy a continuar en el futuro.

En el arte del disco hay sólo dos fotos tuyas y en ambas estás con Raül. ¿Fue un modo de reconocer su importancia en el álbum?
Aunque yo haya hecho las canciones, este es nuestro disco, el que hicimos juntos. Él fue crucial para este álbum de principio a fin, no habría tenido esta forma sin él. Lo que predominó en este proyecto, más allá de la gente que participó en él, fue la colaboración entre Raül y yo.

En este disco trabajaste varias letras con el escritor Jonathan Leethem. ¿Eso te abrirá las posibilidades de escribir junto a otros compositores?
El plan que tenemos con Raül y Jonathan es ponernos a trabajar en otro disco muy pronto. Siento que encontré a alguien con quien puedo colaborar en las letras, desarrollamos un método de trabajo juntos… Bah, en realidad no fue un método, de algún modo fue diferente para cada canción. Fue una suerte de colaboración abierta y libre en la que las palabras que yo le mandaba o que él me mandaba a mí no eran necesariamente tomadas como algo precioso… Me sentí libre de editar cosas que él me mandaba, del mismo modo que él se sentía libre de su lado. Fue una muy buena colaboración… Este disco llevó mucho tiempo y me alegro de que nos lo hayamos tomado porque para mí fue un proceso maravilloso de principio a fin. Creo que vamos tomar todo lo que aprendimos haciendo este disco y que en el próximo vamos a hacer algo diferente. Mi idea, de todos modos, pasa por hacer algo de calidad.

Cuando viniste el año pasado, explicaste que “Thrown Over the Wall” era “la canción para la resistencia en caso de que Donald Trump fuera elegido”. ¿Cómo la ves ahora, a la luz de que eso finalmente sucedió?
Es gracioso, porque toqué en Buenos Aires en septiembre de 2016, justo antes de la elección, y nadie realmente pensaba que Trump pudiera ser elegido presidente. La grabación de Electric Trim fue documentada por un director, que fue quien me dijo “si hay alguna posibilidad de que Trump sea elegido, esta podría ser la canción de la resistencia”. Entonces, antes de la elección, yo la presentaba con esa frase, y siempre pensé que después íbamos a tener a Hillary en la Casa Blanca y que iba a cambiar la introducción… pero no fue así. “Thrown Over the Wall” no fue escrita como canción de protesta, pero después de que el director hizo esos comentarios, para mí tomó esa cualidad y sigo viéndola de ese modo, porque me da la oportunidad de hablar desde el escenario acerca del estado de las cosas y agregar mi voz al diálogo sobre los horrores de la administración de Trump. Se convirtió en una canción de protesta por accidente, por decirlo de algún modo (risas).

Volvés a Buenos Aires con el mismo formato que el año pasado, solo y acústico, pero de todos modos cambiaste la configuración de tu banda: ahora es un trío.
Sí, es un trío con Raül y un baterista llamado Booker Stardrum. A mí me gusta mucho tocar con una banda, me encantaría que estas canciones fueran interpretadas por una. He estado tocando solo por varias razones: una es financiera, porque es más fácil moverme. Estoy yendo a Sudamérica para hacer seis o siete shows, y el presupuesto no alcanzaba para mover a una banda. Es una pena, porque el trío está muy fuerte, probablemente sea la mejor formación que tuve desde que empecé a hacer estos discos solistas. Espero poder volver el año que viene con el trío… Lo que voy a presentar va a ser muy similar a lo que mostré el año pasado, aunque no creo que haya tocado todas las canciones.

Con estas giras en las que viajás con tu guitarra acústica, ¿encarnás una suerte de versión moderna del juglar?
Sí, pero eso es algo que siento también si estoy con una banda. En un sentido, es el rol tradicional para un músico: ¿qué hacemos sino eso? Seguimos siendo juglares… Antes de que hubiera discos, la gente iba de pueblo en pueblo a tocar su música y esperaba volver a ser invitada al año siguiente. Y nada ha cambiado: si sos músico, vivís una vida que te coloca en diferentes roles y en diferentes lugares en los que presentás tu música. Así que, sí, tiene que ver con una muy antigua tradición de la que me siento parte.

Pero también está la tradición de la estrella de rock, aunque no sea tan antigua, y vos la experimentaste. ¿Te gusta estar de regreso en esta escala menor del negocio de la música?
Una de las cosas que me gustan de los shows acústicos es que usualmente se hacen en lugares más íntimos. Durante la segunda mitad de la carrera de Sonic Youth no podíamos tocar en lugares así porque había mucha gente que quería ir, entonces hacíamos shows grandes o tocábamos en festivales, donde la gente no escucha del mismo modo y el objetivo del día no es escuchar completamente a una banda sino ir picoteando de un escenario a otro. Así que estoy muy contento con esta escala menor en este momento de mi vida y casi que no puedo imaginarme volviendo a tocar en conciertos grandes para una masa anónima de gente. Seguro, era divertido para Sonic Youth cuando lo hacíamos. De todos modos, en cualquier nivel, incluso con bandas enormes como Radiohead o U2, todavía hay una cualidad juglaresca.

¿Sí?
Quizás haya involucrados más aspectos que tienen que ver con la fama o la notoriedad, porque están los medios, pero al fin y al cabo las bandas hacen lo mismo: duermen en un hotel distinto cada noche y le llevan su música a la gente. Como músico, no elegís si vas a tocar en lugares grandes o chicos: eso lo decide la gente. Pero mientras haya gente que venga a escucharte, hay shows que hacer, sean grandes o chicos. Como performer, ambos me resultan interesantes. Experimenté los grandes durante años con Sonic Youth y estoy feliz de intentar otras cosas en este momento, hacer shows más íntimos en los que pueda establecer una conexión más fuerte y cercana con el público.

Hace poco estuviste en Brasil, trabajando en la música de una película. 
Sí. No hice la música, en realidad, sino produciendo a la banda sobre la que trata la película. La película muestra la situación de la juventud en Brasil en este clima político, con Temer y todo eso, pero también de los jóvenes en general. Está ambientada en Brasilia y Berlín. Se armó una banda para la película y yo produje las cinco o seis canciones que van a aparecer ahí. Pasé un par de semanas en Brasil grabando y mezclando eso.

¿Qué tiene que tener un director de cine o un músico para que te interese colaborar con él?
A mí me encanta la idea de hacer música para películas. Las pocas ocasiones en las que estuve involucrado en soundtracks me resultaron sumamente interesantes. Por eso, cuando el director me habló de este proyecto, decidí involucrarme. Es un director joven de Brasilia. Creo que va a ser una película interesante, aunque todavía no tuve el privilegio de ver todo el guión o algo por el estilo…

Mencionaste varias veces que ahora trabajás de un modo distinto al que lo hacías con Sonic Youth. En términos musicales, ¿creés que les quedaron asuntos sin terminar?
Estoy muy satisfecho en este momento. Trabajamos juntos durante 30 años, llevamos las cosas en muchas direcciones distintas, hicimos cosas diferentes… Cuando empezás una banda, no pensás en que va a durar cinco años, así que mucho menos 30. Me preguntás por asuntos sin terminar… Es difícil decirlo, porque hicimos muchas cosas durante nuestro período juntos. Creo que todos estamos felices de estar trabajando del modo en que lo hacemos ahora, independientes uno de los otros. Fue un trayecto largo y bueno, aunque quizá no terminó del modo en que nos hubiéramos imaginado. Los últimos dos años se nos pusieron difíciles, por una razón u otra, pero estoy feliz con lo que hicimos.



El artículo Lee Ranaldo: “Los músicos seguimos siendo juglares” fue publicado originalmente en Silencio
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