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#Las5EnPunto | Cecilia Lontrato

│Por Pablo Martínez Burkett

¿En la escuela eras buena en Literatura?

Sí, era muy buena, sobre todo en análisis literario. Desde que tengo memoria leo novelas y cuentos, así que venía con un bagaje literario importante, gracias a mis abuelos y sus bibliotecas.

El colegio donde iba tenía orientación comercial (también amaba Matemática y Economía) así que cuando nos tocaba Literatura era como un recreo para mí, como un descanso activo que me llenaba el alma y me sacaba los números de la cabeza, sobre todo durante cuarto y quinto año donde nos tocó analizar muchas novelas. Recuerdo dos en particular: una fue Pesadilla para hackers y la otra, Drácula.

Con Pesadilla para hackers conocí la obra de Pablo De Santis, un autor muy groso y cuya novela me encantó leer y analizar de chica. Y Drácula ya la había leído mil veces antes, pero me pasó que llevé la edición de mi abuela, que tiene el prólogo de “El invitado de Drácula” y no todas las ediciones lo tienen, así que me gané un punto con el profe. Pero lo que más grabado tengo de aquél momento fue cuando el profesor preguntó a la clase a qué género pertenecía Drácula. Todos, naturalmente, dijeron terror, pero yo me quedé pensando y dije que para mí era una historia de amor, en la cual el conde no era un villano, sino un hombre roto por dentro. Creo que ahí me gané el 10. Sí, era buena.

¿Dentro de qué género pondrías a lo que hacés?

Me apasiona el tema de los géneros literarios y sus límites, tan delgaditos ellos. Tan esbeltos y escurridizos. Puedo decir que escribo fantasía y terror, como dos grandes géneros bien diferenciados. Para que todos nos quedemos tranquilos.

Ahora, dentro de cada uno puedo meterme más y animarme a decir (quizá en un susurro, que no se oiga muy fuerte) que mis historias son de fantasía con brujas y hechizos, con criaturas del imaginario popular protagonistas de leyendas, y con algo de épica. Dentro del terror me resulta un poco más difícil la subdivisión, podría nombrar el paranormal, el gótico, el gore, el terror rural. Quizá estén todos en una misma historia, en mayor o menor medida, con más o menos sordidez, pero me muevo en esos, tomando elementos de cada uno según me convenga o me agarren ganas. Muy promiscuo lo mío.

¿Para quién escribís?

Permítanme escribir un murmullo: mmmm…. Listo.

Sería muy fácil (y algo mentiroso) decir que escribo para todo el que me quiera leer.

En realidad, escribo para todo aquél que le guste escaparse de la realidad, pero bien, bien lejos. Que le guste andar entre las sombras, en lugares iluminados solamente por un farol de luz cálida o en un valle donde el cielo cambia de color según lo que suceda.

Escribo para los lectores que estén dispuestos a encontrarse con seres (humanos o no) que están jodidos, cuya vida corre peligro y que se enfrentan a lo desconocido sin comerla ni beberla.

Escribo para la gente que quiere leer un libro en donde la cotidianeidad desaparece casi por completo, en donde el héroe es una persona común pero que no le pasan cosas comunes. O alguien diferente al que pasan cosas aún peores. Que los asesinatos que aparecen en ese libro que están leyendo no son ejecutados con un arma, sino con el poder de la mente o con un fluido extraño que sale de un cadáver y que si lo destilás, se lo das de tomar a alguien en una fiesta y muere al instante.

Escribo para la gente que, aunque sea por un rato, no quiere ser interrumpida mientras se mete en mis historias, porque ahí dentro nadie le va a hacer acordar de la realidad que vive, sea buena o no tanto, no importa. A veces, por más linda que sea nuestra realidad, queremos conocer otros mundos, ¿no? Y, por suerte, en los libros no aparece ningún locutor interrumpiendo la lectura con un desagradable “Te olvidaste la clave fiscal??” como nos pasa en YouTube.

¿Qué es lo más difícil de escribir?

Dentro de los géneros que escribo, lo más difícil es tratar de que los personajes no se transformen en héroes invencibles y poco creíbles. Al contrario de la ciencia ficción, en la fantasía o en el terror uno crea sus propias reglas, y se corre el riesgo de que por salvar de una situación a tal o cual personaje, creamos un nuevo poder, un nuevo pacto con tal espectro que ahora juega para nuestro lado y nos va a ayudar a salvar a ese personaje tan querible. Uno a veces se mete en un problema con las reglas, con los bandos, con las criaturas o con los sistemas de magia que crea. La idea es que eso no se rompa, por más expansible que sea ese mundo. El desafío es que ese universo al que el lector se acostumbró y el cual conoce a la perfección, no cambie radicalmente por un capricho de los autores.

Saliendo de la fantasía o el terror, creo que un reto enorme para mí sería escribir romántica o erótica. No sabría cómo, no sabría por dónde empezar. He leído novela romántica y novela erótica, y entiendo la estructura que tienen, pero no sabría cómo respetarla. Hay muchos autores del género que me gustan y admiro, pero una novela romántica escrita por mí no duraría mucho, tendría poca paciencia con los personajes. O hago que maten a todo el que se les interpone en el camino, o los mato a ellos por cobardes. Una de dos.

Otro género que me costaría mucho escribir es la ciencia ficción. Crear un universo dentro de la ciencia ficción es todo un reto; uno no puede saltarse las leyes de la física o de la naturaleza. Si imagino una criatura, tiene que ser funcional a la naturaleza y a la evolución, todo lo que tenga en su cuerpo debe serle útil y anatómicamente lógico. Imaginar mundos nuevos respetando las reglas del nuestro, es algo que veo muy complejo, por eso admiro a los autores del género, sus obras son un gran trabajo.

¿Qué consejo te darías a vos misma en tus inicios?

Cuando escribí Holtus y me animé a enviarla a algunas editoriales, no conocía nadie en el mundo editorial. Mandé muchos mails, llamé mucho por teléfono y esperé muchos meses hasta que me contactó mi editora de Vestales y publiqué con ellos. Durante esos largos meses supe aprender a cultivar mi paciencia, muy frágil o incluso inexistente en muchos aspectos de mi vida, y eso me sirvió para aprender a esperar. En ese “aprender a esperar”, mientras me mordía las uñas y miraba el mail cada dos minutos, había momentos en los que dudaba de mi capacidad como escritora. Pensaba que si no me respondían de ninguna editorial era porque el material era malo. Lo pensaba como algo obvio, y muchas veces me sentía mal y creía que Holtus nunca saldría a la luz. Pero después, con algunas respuestas y conociendo más éste mundo, aprendí que no. El mundo editorial (sobre todo en Argentina) es así, se reciben muchas obras inéditas, se lee poco y se edita menos, porque no se llega a leer todo lo que se envía. Así que, además de ser paciente, aprendí que no ser publicado por una editorial no implica que nuestra obra sea mala ni que seamos malos escritores ni que nadie nos quiera. Por eso, una de las cosas que me diría si empezara de nuevo, es que no me deprima, que confíe en lo que hago y que, por nada del mundo, deje de escribir.

Otro consejo, más técnico si se quiere, es que no sea tan estructurada. Cuando me puse a delinear la historia de Holtus, empecé a escribir algunas ideas en un Word. Eran ideas sueltas, con el eje de la historia y el argumento principal. Arranqué a escribir la novela, pero me sentía perdida. Dejé la escritura por un rato y abrí el Excel, mi mejor aliado desde tiempos inmemoriales.

Armé las fichas de los personajes, sus personalidades, sus características físicas, su rol en la historia. Como no me alcanzó, los dividí en dos solapas: personajes principales y secundarios. Después, agregué una con el sistema de magia de Holtus. Otra solapa contenía los lugares de Holtus en donde se iba a desarrollar la historia y otra más con los lugares de nuestro propio mundo en donde viviría Sonia, sus padres, su abuela, la universidad, la biblioteca, todo. Las solapas se reproducían como conejos. Prometí que la solapa de los capítulos sería la última: contenía una línea por capítulo, con información de los lugares en donde se desarrollaba y la descripción de lo que sucedería. Cada celda en donde describía cada capítulo era de 7 cm de ancho por otro tanto de largo. No exagero. Ese Excel ya era un monstruo y se iba a volver en mi contra.

Finalmente frené con tanta planificación, me puse a escribir, todo fluyó pero estaba muy acotada. Escribía con libertad porque nadie me había delineado nada, solamente yo. Y había delineado demasiado. Por supuesto que la historia me gustó, y mucho de la planificación previa me sirvió, pero había veces en las que sentía que escribía entre rejas y estaba totalmente incómoda.

Para mi segunda novela, que está por salir, y para las actuales que estoy escribiendo, me rehabilité y sólo tuve un Word de planificación con los objetivos principales de cada parte y nada más. Puedo decir que estoy totalmente libre de Excels con rigideces asesinas y confieso que me siento mucho mejor al escribir. A veces, hay que probar varios caminos para encontrar el propio verdadero.

Como queda dicho, la entrevista termina (o empieza, según se vea) con una brevísima biografía. Por eso te solicitamos una bio, en tono coloquial, con más la respuesta, igualmente breve, a estos puntos que vamos a incorporar a tu repaso vital:

Nací en Lanús en 1982, más precisamente en Valentín Alsina. Soy escritora, consultora, metalera y potterhead. Estudié Economía en la Universidad de Buenos Aires, trabajé como Economista mucho tiempo y otro tanto lo dediqué a la mejora de procesos en empresas. Me encanta pasar tiempo en casa y en Internet, pero también disfruto de caminar cuando hay verde cerca, merendar por ahí y ver algunos recitales. Está demás decirlo, pero lo voy a decir igual: amo los libros y la música. Se puede confiar en mi palabra y nunca voy a faltar a mis compromisos. Siempre trato de concretar todos mis sueños, sin importar lo raro o inmaduro que puedan parecer o lo difícil que pueda resultar el camino. Muchas veces pierdo el foco y mi tendencia a la queja y a la no aceptación de la realidad no me ayuda, pero siempre vuelvo al eje y sigo adelante.

¿Tenés alguna frase favorita que te sirva de lema?

Sí, de la película John Wick. Esta frase me ayuda a no perder el foco en momentos en los que siento que todo se me sale de control: “John es un hombre enfocado, comprometido, pura voluntad”. Foco, compromiso y voluntad. Así se logran cumplir las metas.

¿Una característica/manía/ dato gracioso o peculiar sobre vos que quieras compartir?

Me saca de mi eje ver un piso sucio, en las casas sobre todo. Cualquier manchita o cosita que haya ahí, me pone muy nerviosa y siento la necesidad imperiosa de limpiarla. Me estresa ver muchos agujeros juntos (tipo un panal de abejas). Hay muchas más cosas que me hacen temblar el ojito, pero no da mencionarlas todas.

¿Tenés mascotas?

Ahora no. Mi caniche toy murió en 2009 y todavía entro a casa y la escucho. La extraño mucho.

¿Qué estás escribiendo?

Estoy con la segunda parte de Holtus, y en paralelo con otra novela de terror narrada por algo no humano.

Libros publicados y dónde se pueden comprar.

Holtus: la era púrpura, la pueden conseguir en todas las librerías del país, y online en la tienda de Vestales o en Temátika.

Mi segunda novela es de terror, tiene un protagonista masculino, un restaurador, y va a salir en los próximos meses.

Datos sobre las redes sociales, página web, mail y demases donde el público pueda saber algo más de vos.

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Twitter: @cezillalontrato

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Blog sobre el género terror: https://medium.com/hablemos-del-miedo



El artículo #Las5EnPunto | Cecilia Lontrato fue publicado originalmente en Revista Kundra
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