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Las napas del golpe que no fue

│Por María Bertoni

“Antes del estreno de Esto no es un golpe el 15 de noviembre, llega el libro nacido a partir de/desde/con/en relación a la película” anunció Sergio Wolf el martes pasado vía Twitter, y en efecto el realizador, crítico, programador, docente porteño presentará La escena documental el viernes 26 de octubre a las 19 en la librería Eterna Cadencia. Tres semanas después, arribará a la cartelera porteña el largometraje que se exhibió por primera vez en el 20º BAFICI.

Desde aquella première otoñal, Esto no es un golpe se proyectó el 2 y 5 de junio en el cuarto Festival de Cine de General Pico y el martes 2 de octubre en el microcine del anexo de la Cámara de Diputados de la Nación, bajo el paraguas de una charla-debate que ¿sólo? cubrió InfoBAE. El evento sonó a antesala del estreno comercial anunciado para el jueves siguiente pero finalmente postergado para mediados del mes próximo, quizás porque para ese 4 de octubre ya estaba confirmado el desembarco de un documental sobre otro suceso histórico sospechado de golpe: El proceso de la brasileña María Augusta Ramos.

En su nuevo film, Wolf repasa los entretelones del alzamiento militar que el entonces teniente coronel Aldo Rico lideró contra el Presidente Raúl Alfonsín durante la Semana Santa de 1987. En especial, busca echar luz sobre el encuentro en Campo de Mayo que disolvió el putsch como Carlos Campolongo dijera tantas veces al frente del noticiero de la TV pública en ese momento.

En una gacetilla distribuida a la prensa figuran las siguientes palabras del realizador:

“Alfonsín nunca contó en detalle los términos de esa reunión. Sobre ese silencio, apenas revestido de enigmática imprecisión, se despliegan las preguntas que están en el punto de partida de este documental.
¿Qué pasó realmente? ¿Por qué Alfonsín entró solo a ese encuentro? ¿Por qué nunca quiso contar con precisión los detalles de aquella reunión? ¿Estaba amenazado el orden democrático? ¿Alfonsín temió que Rico y los Carapintadas avancen sobre la población civil, tanto frente al destacamento como en la Plaza de Mayo? ¿La Ley de Obediencia Debida fue una prenda de intercambio?
Ese ‘agujero’ del relato redobló mi búsqueda porque alineaba esa ausencia con una idea sobre el documental en la que vengo trabajando hace casi veinte años, entendiéndolo no tanto como una ventana al mundo sino como una excavación, como el geólogo que explora napas de la realidad y va extrayendo muestras de distintas texturas del suelo, de colores y temperaturas diversas e insospechadas. ¿Qué hacer con esa “ausencia´´? ¿Cómo reponer aquello que la palabra, la propia voz del principal protagonista parecen volver imposible? Esa falta no clausuró el proyecto sino, paradójicamente, fue lo que lo alimentó, lo que le dio vida”.

 

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Como en Yo no sé qué me han hecho tus ojos y en El color que cayó del cielo, aquí también Wolf expone una investigación meticulosa. El hallazgo de material de archivo que parecía perdido, la atención acordada a detalles tan mínimos como significativos, la capacidad para convocar a las fuentes más pertinentes, la decisión de asumir un protagonismo secundario pero con abierta intención editorial vuelven a conformar un inconfundible sello autoral.

A diferencia de los documentalistas e historiadores que se declaran objetivos, Wolf visibiliza la perspectiva desde donde aborda la sublevación castrense que resignificó el tradicional deseo de “Felices Pascuas” en nuestro país. Para escándalo de esos mismos estudiosos neutros, este enfoque da cuenta del cambio de punto de vista que el realizador experimentó tras haber reconstruido aquel primer levantamiento carapintada, reconsiderado su desenlace, analizado el discurso que Alfonsín pronunció desde Casa Rosada a la ciudadanía convocada en Plaza de Mayo, y que terminó con la expresión “La casa está en orden”.

Mientras repasa, entrevista, pondera, analiza, Wolf fundamenta su (nueva) opinión sobre la manera en que el Primer Mandatario radical lidió con aquel conflicto. En torno a esta arista subjetiva giraron las discusiones registradas tras el pre-estreno baficiano; seguro se reproducirán cuando Esto no es un golpe desembarque en el circuito comercial.

La eventual discrepancia con la reivindicación alfonsinista de Wolf no opaca en absoluto las dos grandes virtudes de esta película: rigurosidad y honestidad intelectual. Entre esos espectadores disidentes, algunos valoramos además la calma del realizador a la hora de entrevistar a un Aldo Rico siempre bravucón, la calidad fotográfica provista por Inés Duacastella, la musicalización acorde de Gabriel Chwojnik y el montaje preciso de Lautaro Colace.

Según la misma gacetilla distribuida a la prensa, la “imposible filmación de una escena con los responsables del levantamiento de Semana Santa” fue el disparador del libro, cuya redacción “avanzó en paralelo a las distintas etapas del rodaje de Esto no es un golpe“. En su trabajo escrito, Wolf articuló los apuntes del día a día detrás de cámara con reflexiones teóricas sobre la labor cinematográfica en general y documental en particular.

Con la doble entrega de Esto no es un golpe y La escena documental, el también director artístico del BAFICI entre 2008 y 2012 se incorpora a la lista de realizadores que estrenan película con libro acorde. A fines de julio pasado fue el turno de Carmen Guarini que presentó Ata tu estrella a un arado con la transcripción de las conversaciones que formaron parte del material utilizado para esa semblanza cinematográfica del maestro Fernando Birri.



El artículo Las napas del golpe que no fue fue publicado originalmente en Espectadores
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