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Las dos paletas

│Por Manuel Charró

No todos, pero el futbolero lo entiende.

En una oficina, en un almuerzo, en un asado, en un grupo de Whatsapp. Al menos una vez por día hablamos del tema. Como corresponde.

En menos de 10 días vamos a presenciar la final más importante en la historia del fútbol argentino, sudamericano y (para algunos) mundial de clubes. River-Boca por la final de la Copa Libertadores 2018. Ni con el partido de ida jugado hay manera de tomar conciencia de la magnitud.

Sin embargo, hay un ejercicio que ayuda a tomar dimensión de lo que está en juego. Es una pregunta que sí o sí en estos días preguntamos o escuchamos. Divide grupos, expone a los irracionales y cualquier hincha de Boca o River puede jugar. Vos: ¿qué estás dispuesto a dar por ganar esta final?

Lo primero que sale a la mesa es la plata. Y muchos de los argentinos no pensamos en pesos. 5.000 dólares no alcanzan. 10.000 dólares tampoco. ¿20.000 dólares? Tampoco. ¿50.000 dólares? Arranca el replanteo. ¿Cuántos años de tu trabajo son 50.000 dólares? Pero por otro lado: es una final de Copa Libertadores contra Boca. ¡Boca! Esto no es joda. Es ganar una Copa y sacársela de las manos a tu clásico rival.

Ahí es cuando tomas conciencia que, para los que (por suerte) nunca pasaron hambre ni sufrieron por llegar a fin de mes con una familia que mantener, la plata no va a agregar real valor a sus vidas. Así que no hay plata que valga ganar por perder esta final. Pero ¿ni un millón de dolares? Ni un millón de dólares.

De vuelta: solo el futbolero lo entiende.

Lo segundo que se puede plantear tiene más que ver con un juego al estilo “¿qué preferís?”. Un sacrificio a cambio de una victoria. Y ahí sí que empiezan las locuras. Alguien se anima a preguntar (y no es joda): “¿estás dispuesto a perder un dedo por ganar ésta final?”.

Obvio. Pero ¿cuántos? Arranca la mátematica psicológica. En las manos voy a necesitar mínimo 8. Por estética y por practicidad: que vuelen los meñiques. En los pies algo voy a tener que dejar. ¿O volamos todos? No sé. ¿Voy a poder caminar o correr cómodo? ¿Tanto quiero a River? Vamos con los meñiques también y alguno más.

La cuenta da 5 o 6 dedos menos por un partido de fútbol. No estamos bien de la cabeza, pero por dentro sentís que tu fanatismo está a la altura de la final.

Hasta que aparece éee amigo malintencionado. Ése que entre pícaro e inteligente da en la tecla planteando algo que nunca viste venir. En mi caso fue: “¿estás dispuesto a perder las dos paletas por unos meses con tal de ganar la final?”.

“¿Las paletas?”, pensé unos segundos en serio.
– “Es un papelón. Pero son unos meses… Sí, estoy dispuesto”.

– “Te la cambio entonces. ¿Estás dispuesto a perder las paletas por 5 años con tal de ganar la final?”.

Y ahí no hay respuesta que acomode tu fanatismo para que gane tu equipo. ¿5 años sin paletas? Es imposible. ¿Cómo hago para hablar y para comer tranquilo? Me va a dar vergüenza ir a trabajar, hasta hablar con mis amigos o con mi familia. Y olvidate por completo de poder hablarle a una mujer.

Es demasiado. Sí, es Boca-River y la final de todos los tiempos. Uno va a pasar a la gloria para siempre y el otro va a tener que bancarse lo que venga sabiendo que posiblemente nunca se repita esta final.

Pero hay que bajar un cambio. Hay cosas más importantes. En mi caso, el límite está claro. Y siempre vale la pena acordarse en estos casos que “el fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes”. Así que, al menos por ahora, vamos a dejar a los meñiques en su lugar.



El artículo Las dos paletas fue publicado originalmente en MCH
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