Tango clásico

La relación del tango y la música clásica

│Por Iván Gordin

Desde los arrabales porteños a las prestigiosas galas sinfónicas, en poco más de cien años el tango se ha convertido en uno de los géneros musicales más escuchados, interpretados y bailados alrededor del mundo. La música que alguna vez fuera patrimonio exclusivo del Río de la Plata ha tenido más de un encuentro con el mundo de las óperas y los conciertos sinfónicos. A continuación, les presentamos una lista de algunos compositores que se inspiraron e incorporaron -mucho más que- el 2×4 a sus obras.

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A pesar de que nuestro chauvinismo diga lo contrario, el tango no es la creación unívoca de una nación. Es, al igual que los primeros intérpretes y bailarines que afloraron en las aguafuertes porteñas, el resultado de una mezcla de etnias y culturas. El tango es el mestizaje entre los ritmos de los esclavos africanos, la instrumentación europea y el lenguaje coloquial de los inmigrantes analfabetos. Por esta razón, tal vez, es que podemos encontrar en una misma canción a un instrumento alemán ejecutando una síncopa africana mientras acompaña un llanto sobre el barrio de Pompeya.

Con el pasar de las décadas, esa música que al principio era considerada un producto menor destinado a las clases populares, cumplió su propio círculo y volvió a ser apreciada por esa comunidad sinfónica que la había excluído. El ejemplo más conocido de ello fue la reivindicación de Astor Piazzolla en el Teatro Colón, luego de haber sido despreciado y prácticamente exiliado por la “Vieja Guardia”. Hoy en día, este prejuicio parece haberse extinguido y es común que compositores e intérpretes “académicos” ejecuten o agreguen este estilo a sus obras. Basta con asistir al concierto de algún director de renombre y quedarse hasta el bis para escuchar “Por una cabeza” o “La cumparsita”. A continuación rememoramos algunas composiciones donde se puede ver claramente esta relación que hace cien años parecía irreconciliable.

Tango – Igor Stravinsky (1940)

Parte del espíritu rupturista del compositor ruso residía en su reformulación y sublimación de géneros populares. En 1940, ya lejos de la reticencia del público conservador, Stravinsky presenta esta breve pieza para piano, quizás sin tantas complejidades temporales pero con su característica paleta armónica. No fue la primera inmersión de Igor en el tango (Historia de un soldado) pero quizás es la más explícita y completa de todas sus iteraciones.


Tango Ballad (La ópera de los tres centavos) – Kurt Weill (1934)

Otro ejemplo conocido es la inclusión del tango en la obra de Weill y Bertold Brecht. Estamos hablando aquí de una ópera con un fundamento ideológico marxista y cercano a los clases populares; por lo tanto, si bien pertenece a una forma anclada en el clasicismo, Weill presenta al tango en una orquestación más cercana a la que se podía escuchar en las calles de Hamburgo, un tanto jazzera y eso, sí, bailable. La primera gran ola de popularidad del género fue en el período marcado por el intersticio entre las dos grandes guerras. Francia, primero, y luego toda europa, escuchaba estas nostálgicas melodías en la calle. El compositor alemán prestó atención a ello y le otorgó su propia relectura en uno de sus mayores opus.


María de Buenos Aires – Astor Piazzolla (1968)

Si bien Piazzolla tuvo una formación clásica y luego coqueteó con el jazz, su impronta siempre estuvo anclada en el corazón de las orquestas típicas que a mediados de siglo XX proliferaban en Buenos Aires. Es decir, ya sea con sinfónica, saxo o guitarra eléctrica, Piazzolla nunca dejó de componer y tocar tango. María de Buenos Aires es un estandarte que nos demuestra la influencia y la afición de Astor por las formas clásicas, pero siempre como vehículo de la música rioplatense. María de… no solo contiene grandes piezas instrumentales como Fuga y misteriosino que también su lírica pinta uno de los mejores óleos de Buenos Aires.


 Postangos – Gerardo Gandini

Una de las críticas más comunes al “nuevo tango” de Piazzolla era que “no se podía bailar”. Bueno, qué dirían esos mismo detractores si escucharan el ejercicio de Gandini sobre la forma y estructura del tango. Gandini llevó a cabo una reforma dodecafónica con la pericia justa para notar que todavía estamos ante esa música que solía cantar Goyeneche. Una aproximación compleja desde lo auditivo, heredera de Schoenberg y Webern, pero tremendamente valiosa cuando se escucha con mayor profundidad.

Como verán, el tango no es una categoría rígida, ha estado allí para inspirar las obras más eclécticas, ya sean tradicionales o vanguardistas. Puede ser bailable, puede ser marxista o puede ser una ópera. Quizás el tango, paradójicamente, nos está pidiendo que dejemos la nostalgia y abramos la cabeza a ideas nuevas y diferentes. ¡Chan chan!.



El artículo La relación del tango y la música clásica fue publicado originalmente en Música Clásica BA
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