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La favorita: develando la violencia emocional

│Por María Singla

La reina Anne es una mujer banal, voluble y ridículamente infantilizada. Desde los más profundos rincones del privilegio aristocrático, está a cargo de un país en guerra. Pero, como suele suceder con las personas enfermas -el personaje de Olivia Coleman sufre dolores terribles por la gota-, la soberana es incapaz de ver más allá de sus propios malestares físicos y emocionales.

En La favorita, Yorgos Lanthimos toma como excusa la historia de la reina Anne de Gran Bretaña (1665-1714) para explorar las relaciones de poder que se dan dentro de los vínculos afectivos y sexuales. Lady Malborough (Rachel Weisz), la amiga, consejera y amante de Anne, es quien detenta el poder de facto de la corona. A través de complejas manipulaciones emocionales, se aprovecha de las inseguridades de una reina devastada por la soledad para manejar los asuntos de Estado de su país.

Luego de la muerte de su marido, de sus 15 hijos (ninguno sobrevivió más de dos años) y dos abortos espontáneos, Anne cree ciegamente en la lealtad de su compañera, quien cultivó entre ellas un lazo de dependencia cruel y patológico. Las prácticas abusivas se notan, son transparentes como agua de manantial. Los espasmos tragicómicos de la película se dan en aquellos momentos en los que la sumisión de la reina-niña alcanza niveles de inverosimilitud que parecen extraordinarios. Pero ¿son realmente extraordinarios?

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Los feminismos que coparon la agenda política y mediática los últimos años ayudaron a poner en perspectiva la otrora sutil y oscura violencia emocional. Estos mecanismos de manipulación son comúnmente ejercidos por hombres, por eso la crueldad de Malborough genera mayor impacto; resulta desconcertante.

Lo interesante de la historia es lo que sucede cuando el círculo de la humillación finalmente se rompe. La subordinación incondicional de la reina comienza a tambalear cuando Abigail (Emma Stone), prima de Lady Malborough y aristócrata devenida en criada, comienza a disputar el cariño de Anne y los beneficios que conlleva. Lejos de ofrecer un amor genuino, la nueva favorita de su majestad tiene una agenda propia, si bien más austera: su padre la “perdió” en un partido de bridge contra un alemán borracho cuando tenía 15 años, y ahora solo le interesa volver a formar parte de la nobleza de Inglaterra.

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Malborough y Abigail comienzan una lucha encarnizada por el afecto de la reina, que rebota entre una manipuladora y otra, en medio de su desesperación por no sentirse sola. El despertar de Anne ocurre cuando comprueba que es digna de ser amada. Cuando la reina confirma -progresivamente, avanzando y retrocediendo todo el tiempo- que es capaz de tomar sus propias decisiones, deja de acudir a su amante, que bajo un manto de pretendida sinceridad se empeñaba por ser cruel.

Si bien la construcción de su nuevo vínculo con Abigail es una réplica de sus modos de amar anteriores, las lecciones aprendidas prevalecen. Ni las amenazas de exposición de la intimidad de la pareja ni la adulación superflua tienen el mismo efecto contenedor que antes. Los hilos de la violencia se han develado y Anne logra cortarlos a pesar del deterioro irrefrenable de su cuerpo, contundente y visible.

Hacia el final, Lanthimos hace que la reina hemipléjica, casi ciega y al borde del precipicio emocional, se pare. Entonces, le otorga su plano contrapicado de grandeza, que hasta entonces estaba reservado para Malborough. Anne, finalmente, se levanta de su silla de ruedas y comenza a ver a sus súbditas desde la altura de su pedestal soberano.



El artículo La favorita: develando la violencia emocional fue publicado originalmente en #ONtrend
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