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La exigencia de la realidad

│Por Manuel Charró

La sensación de alarma generada el martes pasado en el Monumental tras el 0-1 de Guaraní sobre el final del primer tiempo dio el pie para pensar algo inédito en la era Gallardo. Porque su River, desde que él asumió como director técnico a mediados de 2014, nunca fue eliminado de una copa internacional tras perder en condición de local en el partido decisivo.

Es cierto: hace aproximadamente un año quedó afuera de la última Copa Libertadores como local frente a Independiente Del Valle, pero en ése caso había ganado el partido 1-0 y fue el 0-2 de la ida el que lo terminó eliminando.

En la Sudamericana 2014, donde River se consagró campeón invicto y todas las series culminaron en el Monumental, el récord fue inmejorable: todas victorias ante Godoy Cruz, Libertad, Estudiantes, Boca y Atlético Nacional. En la Libertadores 2015, la única serie que cerró como local fue la final ante Tigres, que derivó en un 3-0 y la obtención del trofeo continental más importante. En la Sudamericana 2016, todas las series se definieron de visitante. En la Recopa Sudamericana 2016 (la edición 2015 fue ante San Lorenzo y se definió con victoria en el Nuevo Gasómetro) frente a Independiente Santa Fe, fue también triunfo 2-1 para el conjunto millonario.

En fin, el River de Gallardo había ganado siempre el partido decisivo cuando le tocó definir en el Monumental.

Hasta ayer.

El triunfo 2-0 de la ida en Paraguay sirvió para que hinchas y jugadores encararan el partido con tiempo y tranquilidad, en un Monumental lleno de fanáticos que no presenciaban un partido allí desde junio pasado. Pero la calma no tardó en transformarse en euforia. A los pocos minutos del primer tiempo, un remate de afuera del área del Pity Martinez, que sacó con lo justo el arquero paraguayo, fue suficiente para romper con la tranquilidad del público. En medio de un partido friccionado e impreciso, la segunda chance clara apareció tras un desborde por izquierda de Enzo Pérez con centro para un Nacho Fernández desmarcado que remató desviado en la puerte del área chica.

Del otro lado, un Guaraní necesitado intentó hacer pie con remates desde lejos que no generaron mayor peligro. Hasta el minuto 46, donde un tiro libre de larga distancia que tras un rechazo de Maidana encontró mal parado a River y bastó para que el equipo paraguayo se fuera al descanso con un 1-0 a favor que incomodó a todo el estadio.

A la incomodidad del juego se sumaba un resultado imprevisto por todos.

El comienzo del segundo tiempo fue aún más incomodo. A los 5 minutos del complemento, un pelotazo generó un mano a mano para Guaraní que, con resbalada de Lux incluída, Christian Chávez desvió por la izquierda. El 2-0 parecía estar al caer: la reacción debía ser inmediata.

Fue así como, menos de 70 segundos después, en un córner a favor y luego de un tumulto en el área, Pinola empató el partido 1-1 para River. El gol fue tan desprolijo como el juego que se vio a lo largo de los 90 minutos.

El empate sirvió para que el Monumental retomara la calma, esta vez parcialmente. El tiempo pasó y el partido siguió lleno de imperfecciones y sin claridad en el juego de ambos equipos. Llovieron centros al área de Lux, que toda la noche tuvo trabajo (hasta a veces por errores de sus propios compañeros) pero que respondió bien en su debut. La defensa se encontró en muchas ocasiones mal posicionada ante las contras de Guaraní y el ataque dependió más de los pivoteos de un Alario aislado que del juego elaborado de su mediocampo.

Apenas un tiro libre del ingresado Scocco y algunos cabezazos claros de Guaraní fueron las únicas chances de gol del segundo tiempo, que no tuvieron éxito en alterar el marcador.

El estadio sintió una sensación extraña al finalizar el partido. Hubo aplausos para el equipo, pero tan unánimes como la idea de que el rendimiento no estuvo a la altura de la circunstancias. Se trataba de un nuevo boleto a cuartos de final. Sin embargo, no había motivos para festejar. Extrañamente, el River de Gallardo se despedía en un partido decisivo del Monumental sin una victoria.

“Podemos dar mucho más y lo vamos a hacer”, declaró Gallardo en conferencia de prensa post-partido. Con la autocrítica justa, su discurso está en lo cierto. La realidad lo demanda: River está entre los 8 mejores de América.



El artículo La exigencia de la realidad fue publicado originalmente en MCH
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