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Hijo del carrilche: Entrevista con Marlene Wayar

Por Macarena Marassa

A principios del siglo XX, los delincuentes y miembros de la clase social baja argentina comenzaron a usar un lenguaje propio e inentendible para la policía y que hoy en día sigue impuesto para determinadas expresiones: el lunfardo. Una jerga cerrada que marcó el folklore social de aquella época.

Las travestis de 1920 también buscaron comunicarse en secreto, aunque por la necesidad de dejar de ser perseguidas por la prostitución. Así nació el carrilche, el lunfardo travesti que ya está en desuso, pero que nos dejó más de una palabra en nuestro vocabulario.

Un buen ejemplo es el término chongo que denomina, ni más ni menos, a aquel hombre que gusta de mantener relaciones carnales con un travesti, aunque la palabra comodín siempre fue teje. No hay palabra más travesti que ésta y es la que resume con total claridad  el día a día en la vida de las chicas.

El teje es la barba incipiente, las piernas peludas, el relleno del corpiño asomándose o cualquier descuido físico que evidencie a un travesti como tal. Es todo, y  tanto significa que las talleristas del Centro Cultural Rojas no dudaron ni un segundo en nombrar así a este proyecto de clase y convertirlo en una revista.

Marlene Wayar es la directora de El Teje y es quien inició, junto a sus compañeras y docentes, una nueva manera de hacer periodismo. “Las chicas tenían una necesidad muy grande de contar sus historias y cuando lo presentamos a fin de año, María Moreno – la profesora – nos propuso hacer el formato periodístico y desarrollarlo”, recuerda y cuenta que la sección infaltable a la hora de editar fue Cuéntame tu vida, con relatos en primera persona.

La responsabilidad de pertenecer a un medio de comunicación siempre es una gran mochila, ya sea por lo que se dice o lo que no, o por las distintas circunstancias que nacen por tener una voz con la que no todo el mundo cuenta. En El Teje pasó eso. Cuando el equipo decidió afrontar la tarea de escribir para abrir las puertas de su mundo, también  se puso sobre los hombros el peso de saber que el muchas de las travestis del país están incomunicadas, sin educación y el 95% se prostituyó al menos una vez en su vida. Esto significó más que escribir sobre chongos y maricas. Fue el comienzo de una labor social.

“En  Chaco, por ejemplo, viven sin concientización y cuando llegan a Buenos Aires a recibir ayuda, ya llegan con SIDA. Hicimos el proyecto dentro del periodismo para volver a comunicarnos entre nosotras y llegar a un acuerdo sobre qué íbamos a pedir. ¿Vaginoplastías y penes o pedir que caigan los edictos policiales o que haya más trabajo?”, enfatiza Marlene.

Flor de la V, Fernando Peña y Diego Capusotto protagonizaron algunas tapas de El Teje.

Flor de la V, Fernando Peña y Diego Capusotto protagonizaron algunas tapas de El Teje.

También es cierto que el mundo travesti siempre está asociado casi por definición a lo extravagante, casi grosero y lo bizarro, pero no siempre es así. En el Teje no es así. Hay cuestiones de trasfondo que superan a las secciones de humor y se habla, por ejemplo, de las travestis que son asesinadas dentro de la prostitución o de que las prostitutas travestis no tienen voz ni voto a la hora de ejercer su trabajo dignamente y pierden cualquier derecho posible, como a la protección sexual. Eso no existe para ellas.

Y lejos de victimizarse, critican y exponen una realidad que no es la de la mayoría de esta sociedad, la misma que alguna vez las discriminó y hoy en día está en proceso de inclusión. ¿Y dónde empieza? En la vida cotidiana. Desde emplear a un travesti hasta dejar de mirar fijamente en el colectivo. Igualdad no es que tengan más beneficios que los heterosexuales si no que todos tengan el mismo derecho a todo, ni más ni menos.

La política no es poca cosa para los travestis y ya han conseguido, casi sin buscar, la ley de reasignación de sexo y la de identidad de género, dos piedras fundamentales para el avance de su lucha, que es larga y constante, ya que incluye a gays, lesbianas y trans. La próxima meta es, sin dudas, el reconocimiento de las víctimas de violencia policial como tales y la definición de la prostitución como un trabajo, aunque para Marlene y sus compañeras “siempre va a haber más cosas en agenda”.



El artículo Hijo del carrilche: Entrevista con Marlene Wayar fue publicado originalmente en Letteralmente
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