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Gabo

│Por Jorge Búsico

La compra de un libro es una liturgia; es la elección de un objeto preciado, que perdurará a lo largo del tiempo, hasta que uno elija desprenderse de él. Un libro no se gasta ni se achica como una prenda y, ubicado sobre un estante, luce como un cuadro o una obra de arte, porque, al fin de cuentas, los libros tienen sus museos, como lo son las bibliotecas. Abordar un libro ya es otra tarea; requiere de un tiempo y de un ejercicio, pero ante todo de la pasión por leer. La lectura nos hace mejores. No tengo duda de ello.

Encontré en la web este muy buen texto acerca de formas de leer un libro. Fue el que me dio el pié para este post. Tengo cada vez más arraigada la pasión y la necesidad de la lectura y, entre otras cuestiones, me llevó a mis comienzos, a los primeros toqueteos con los libros. No fui un gran lector de chico, pese a que en mi casa había una amplia biblioteca. El primer libro que me atrapó fue El Principito, de Antoine de Saint-Expéry. Pero mis grandes recuerdos de la primaria y parte de la secundaria fueron las revistas El Gráfico que me las leía de punta a punta una y diez veces. Esa fue la semilla para el futuro periodista.

Pero el primer escritor que me atrapó fue Gabriel García Márquez. En la adolescencia leí Cien años de soledad y desde ese momento lo tomé a Gabo como mi guía. Soñaba escribir como él. También, de algún modo, ser como él. Más adelante descubrí su faceta de periodista con el libro Notas de Prensa, con el que lo terminé de idolatrar.

Los caminos de la lectura son diversos. Hoy, soy de seguir más a autores; cada tanto experimento con algún libro que me recomiendan o del cual leo críticas favorables. De García Márquez abordé casi toda su obra y lamenté su muerte, como no me pasó con ningún otro escritor. Y en estos días me topé con este hermoso texto en Arcadia, que retrata el último viaje de Gabo, en el que fue un entierro simbólico en la Universidad de Cartagena.

El texto recuerda el día que recibió el Premio Nobel, en 1982. Su discurso fue uno de los más extraordinarios que se hayan formulado. Ya siendo periodista, me emocioné cuando lo leí, ya que en aquel tiempo no era sencillo pescar imágenes grabadas desde el exterior. Es el mejor cierre para este post



El artículo Gabo fue publicado originalmente en El Vestidor
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