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El fotógrafo de lo que no se ve

El oficio del fotoperiodismo desde la lente de Alejandro Kirchuk. Con el foco en lo cotidiano, enfatiza el compromiso del “estar ahí”. Adelanto de su último proyecto Viviendo en el Riachuelo.

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Alejandro Kirchuk, de Colegiales, de 27, de Boca, es fotoperiodista. De esa tradición de los que no sacan fotos, las hacen. En 2012 recibió el Primer Premio en la categoría Vida cotidiana del World Press Photo, la mayor distinción internacional al fotoperiodismo. Lo consiguió con su trabajo La noche que me quieras, sobre la historia de amor de sus abuelos atravesada por el Alzheimer. Hoy está dedicado a proyectos documentales de largo plazo en Latinoamérica. Adelanta en NosDigital parte de su último trabajo, aún en progreso, dedicado a la vida a la vera del Riachuelo, al que llama en forma tentativa Viviendo en el Riachuelo.

-¿Cómo elegís una historia?

-No hay un momento en que te decidís. Cada una te llega de una forma diferente. En general te cae. No es que uno se pone a buscar información de cosas. Van apareciendo según tus áreas de interés. Ahí surge la idea de que puede haber una historia fotográficamente interesante para contar. No hay una fórmula. Está bueno cuando por un motivo realmente te interesa mucho. Después hay que pensar si es fotogénica, si tenés ganas de involucrarte. Es intuitivo. Si es entre comillas vendible, que no significa que pueda venderse a un medio, sino que tenga un interés en lo documental y periodístico que exceda tu propio interés, que le pueda interesar a otros conectar con la historia.

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-¿Cómo llegaste a la historia en que estás trabajandoViviendo en el Riachuelo?

-A fin del 2013 compré una Fuji medio formato analógica, es mi primera cámara no digital desde que me dedico a la fotografía en forma profesional. Estaba en un momento en que quería cambiar el formato y probar algo que no fuese 35mm. Que implicara una dinámica distinta de trabajo. Es muy diferente el modo de fotografiar. Estoy trabajando en 120mm con proporciones de 6×6. Tenés doce fotos por rollo, eso lo hace muy diferente con respecto a lo digital. Busqué una historia nueva para laburar con ese formato. Iba tras algo que incluyera levemente una cuestión paisajística, sin hacer algo de paisajes. Venía de laburar en Salta con el pueblo originario de los tapietes, entonces ahora quería algo en Buenos Aires, extrañaba un proceso más cotidiano. Leí un artículo de una universidad de Suiza donde decía que el Riachuelo era uno de los diez lugares más contaminados del mundo. Éste fue el gancho periodístico: uno de los lugares más contaminados del mundo está acá. Luego tiene sus particularidades, está en el mismo ranking que ríos de Bangladesh donde viven trescientos millones de personas, así que no es lo mismo.

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-¿Cómo te preparás psicológicamente en el momento de hacer fotos? Comparando realizar un trabajo sobre fútbol con Viviendo en el Riachuelo.

-Es muy distinto. El cuerpo lo siente distinto. Hay veces que voy a la villa 21 y me quedo cuatro o cinco horas, concentrado y pendiente de lo que voy a buscar fotográficamente e intentando acceder a determinadas situaciones que creo son interesantes. Vuelvo agotado corporalmente. Alrededor del Riachuelo vive gente muy excluida por el Estado, en condiciones jodidas.

Es fundamental estar seguro de lo que uno está haciendo y por qué uno lo quiere hacer. Y hablar con la gente para que sepa exactamente qué haces ahí. Sin eso la podés pasar muy mal y pensar: ¿qué hago haciéndole fotos a esta gente que tiene barro del Riachuelo en su casa cuando yo estoy en una posición más cómoda?

-¿Y por qué lo estás haciendo?

-Tengo varias motivaciones. Hace unos días un colega me preguntaba si era un trabajo de denuncia y no es ese el único motivo. Pero el contenido social tiene que ser importante para este proyecto. Fotografiar condiciones tremendas de vida por definición es denunciar o intentar hacerlo. Estás diciendo que es una mierda. No hago fotos para que las cosas cambien, pero de alguna forma estoy buscando visibilizarlo.

Por otro lado, en los últimos años tuve la suerte de viajar y conocer muchas ciudades que tienen un río. En general se trata de una zona turística y muy valorada, los departamentos con vista al río son los lujosos. Hay una belleza asociada al río que en Buenos Aires está aplacada. Para alguien vivir frente al Riachuelo de ninguna forma puede ser buscado. Ahí encontrás lo jodido y lo mal que la está pasando la gente, la lucha de todos los días para sobrellevarlo y el paralelismo con la belleza natural propia del lugar. Hay atardeceres naranjas que reflejan sobre el río que son hermosos. Es una controversia que se genera y permite tratar la marginalidad desde un lugar no tan obvio. Creo que ya es poco efectivo tratar la pobreza haciendo hincapié en la pobreza. Es muy difícil entrarle a la gente desde ese lado. Mi motivación principal es buscar la contradicción que genere la incomodidad en quien lo ve.

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-¿Cómo entendés la relación de la antropología con tu idea sobre el fotoperiodismo?

-Antes del trabajo con los tapietes donde el interés era mostrar su integración al sistema urbano, me reuní con la antropóloga SilviaHirsch, con quien iba a trabajar. Me contó mucho de su método. Mientras, yo no la interrumpía, no le decía nada, pero iba pensando que era muy parecida la forma de plantearse frente al trabajo de campo a cómo yo creo que un fotógrafo debe hacerlo frente a una historia.

Mi idea es la del fotógrafo que elige una historia, se mete lo más adentro posible, por un tiempo llega a ser parte, huele y come lo mismo, está en su ambiente y comienza a identificarse. Todo eso que sucede es fundamental para lograr un buen trabajo fotográfico, y eso es muy de antropología. No es casualidad que esa era la carrera que iba a arrancar cuando terminé la secundaria, después tuve un desliz psicomental por el cual arranqué medicina. Insólito para lo que es mi vida. Finalmente en el 2013 cursé en la UNSAM historia de Antropología y lo disfrute muchísimo. Me dieron ganas de volver a estudiar para sumar cuestiones más teóricas desde las ciencias sociales. Antropología, Sociología e Historia tienen mucho que ver con hacer fotos.

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-Para el proyecto En las montañas que arrancaste en 2012, donde trabajaste con la Nación Chopcca en los Andes Peruanos, hiciste fotos durante un funeral, ¿qué es allí el respeto?

-La escena del funeral es una consecuencia de todos los días que ya había pasado con ellos. Eso no ocurrió apenas llegué, sino dos días antes de irme. Entonces para la gente ya había dejado, al menos un poquito, de ser el extraño gringo con una cámara que era en un principio. Si desde el inicio está planteado y luego demostrás con hechos que a uno le interesa ir fotografiando lo que allí ocurre, si uno lo puede comunicar y la gente lo entiende, -siempre desde el respeto- se puede fotografiar lo que sea. Sobre todo si uno considera que es importante para contar la historia de ellos, y para contarla el funeral también era muy importante. Si estuviste fotografiando todo y eso decidís no hacerlo, es más de cagón que de respetuoso. Respeto es considerar su historia y su forma de hacer un funeral.

-¿Cuándo se termina una historia?

-Es casi lo mismo que cómo se la elige. Es bastante intuitivo y estomacal. Hay un momento en el cual por algún motivo sentís que ya no tenés la misma intensidad para ir a buscar las fotos como en un primer momento, sentís que ya no podés hacer más de lo que hiciste, y la historia puede estar terminada en lo fotográfico y el vínculo a nivel humano puede continuar, aunque diferente y menos asiduo. Siempre es difícil desligarse de una historia, más allá de las distancias. Salvo que tengas una beca que por un lado te ayude y por otro te obligue a continuar, es cierto que cuando es lejos es más fácil darle un cierre por la cuestión logística. Pero en general con las personas con las que trabajé haciendo fotos, más allá de que muchas fueron personas cercanas, ya me une una relación más allá de hacer fotos. Hay un momento en que uno se da cuenta que ya está, es muy probable que sea más tarde de lo que en realidad para tu historia es.

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-Entre chistes y no tanto, muchos te califican con la especialidad de fotógrafo de departamentos, ¿lo seguís siendo?

-Más que la escena conocida desde la autopista Illia de todas las casitas de la 31 desde afuera, me sigue interesando mucho más lo que sucede puertas adentro. Cuando me acerco a cualquier barrio a la vera del Riachuelo, siempre tengo la avidez de ver qué pasa dentro. Aprovechar que el medio fotográfico te da la posibilidad de contar lo que no se ve. Está claro que sigo siendo fotógrafo de interiores.

Las fotos que acompañan la nota fueron hechas con un teléfono celular – instagram.com/akirchuk . Por más sobre Alejandro: alejandrokirchuk.com



El artículo El fotógrafo de lo que no se ve fue publicado originalmente en Nos Digital
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