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El cine va a la escuela: cuando los chicos conocen la magia del mundo audiovisual

│Por Laila Rott

El cine tiene la capacidad de pensar mundos diferentes. En cada proyección, el espectador viaja hasta los recovecos más íntimos de un espacio y tiempo imaginarios donde él mismo se reconoce. Las películas abren el horizonte y crean ilusiones, esperanzas y, sobre todo, un pensamiento crítico. Además, en general, la cultura constituye una identidad nacional en la que todos los ciudadanos tienden a verse reflejados.

Sin embargo, en un país tan grande como Argentina, la desigualdad también hace estragos en este aspecto. Al sacar la mirada del centro, se pueden ver alrededor a miles de chicos que nunca presenciaron a conciencia la experiencia colectiva del cine. Hace ya cuatro años, la Fundación DAC emprendió la dura tarea de llevar las películas nacionales a aquellos lugares, generalmente invisibilizados por la mirada mediática que todo homogeneiza y oculta. Con el proyecto El cine en la escuela, el equipo recorrió más de 350 escuelas y permitió que más de 50 mil chicos disfruten de una experiencia cinematográfica completa. Hoy, el proyecto suma un nuevo triunfo: el estreno del documental dirigido por Diego Aparicio, que recopila lo mejor de estas intervenciones.

El miércoles la sede de la DAC se vistió de fiesta para la presentación de este nuevo material, el cual se proyectó en la mítica sala Mario Soffici. El evento contó con la presencia de los directores Fernando Spiner, Marcelo Piñeyro, Juan José Jusid, Juan B Stagnaro, Hugo Lescano y Gabriel Arbós, entre otros. Además, Muriel Santa Ana, Ana Celentano, Claudio Gallardou, Loren Acuña, Mario Alarcón y muchos actores que formaron parte del proyecto, también se acercaron a presenciar por primera vez el documental con la prensa.

Juan Bautista Stagnaro, presidente de la fundación, rescató que la importancia del proyecto es “recrear la experiencia del cine íntegramente, lo que implica una proyección en una pantalla grande, a oscuras y vivenciado colectivamente”. De esta manera, cada vez que se organiza una visita a un colegio, los técnicos trasladan todos los equipos necesarios para montar una verdadera sala de cine en el aula. Además, actores, directores y escritores de cada película proyectada asisten y dialogan con los alumnos acerca de sus sensaciones e inquietudes.

El director del documental, para quien este evento valía doble ya que es su primer largometraje, contó cómo fue que surgió la idea de llevar la experiencia a la pantalla grande: “Yo hice cámara desde la primera proyección para guardar materiales. Después, empezamos a armar unos videos institucionales cortos. En determinado momento, me contaron que había intenciones de armar un documental más largo y, como yo tenía todo el material, era un paso natural que yo lo dirigiera”.

La actividad estuvo a cargo de la comisión directiva de la Fundación DAC.

La actividad estuvo a cargo de la comisión directiva de la Fundación DAC.

El director Marcelo Piñeyro, Vocal titular de la fundación, también formó parte del proyecto. En muchas oportunidades, acompañó a las proyecciones de sus películas Tango Feroz (1993) y Kamchatka (2002). A su vez, estuvo muy presente en todo lo referido a la organización. “Todo nació al ver como las nuevas generaciones tenían un divorcio con el cine argentino y cómo ciertos sectores sociales perdieron la práctica de ver cine. Esto era un pecado porque el cine no es una cuestión elitista, sino un acto sumamente popular”, aseguró el reconocido director.

El proyecto es íntegramente financiado por la Fundación DAC. Es la institución quien costea el transporte de los equipos y del personal e invitados. Al respecto, Piñeyro aseguró que “si bien en una época había apoyo del INCAA, sobre todo con la gestión anterior, cuando asumieron los nuevos titulares lo descontinuaron”. Sin embargo, eso no fue un impedimento para que el proyecto continuara aún con más fuerzas. Igualmente, la demanda es tan alta que no alcanzan los recursos para satisfacerla íntegramente por lo que, para el director, “sería ideal tener un apoyo institucional para poder cubrir todas las escuelas que nos piden”.

En estos cuatro años, el ciclo logró conectar con 350 escuelas, de las cuales 52 son rurales, en varias provincias del país. En ese sentido, más de 50 mil chicos pudieron ver películas nacionales y conectar con la cultura nacional desde otro lugar. Entre las películas proyectadas se encuentran: Camila, Kamchatka, Días de Vinilo, Sin Retorno, Hermanas, Tiempo de Valientes, Vino para robar, Un cuento chino, Metegol, Corazón de León, El secreto de sus ojos y Tango Feroz, entre otras.

Con este proyecto, la Fundación DAC logró posar el ojo ahí donde nadie lo posaba. Más de una vez, los testimonios de los propios chicos calan hondo en quien ve. Como un golpe de realidad, se ve que existe otro país lejos de las grandes ciudades y luces. “Aunque no aparezcamos en el mapa, nos tienen en cuenta”, acota una estudiante de Catamarca, a la vez que una señora del mismo pueblo rescata que “se acuerdan de los pobres”. El proyecto  permitió que miles de chicos logren soñar ante la pantalla grande, fantasear con las historias que allí se proyectan, identificarse con los elementos de la cultura que conforman nuestra identidad nacional. La magia estaba ahí, latente. Una mirada inocente y virgen del cine empieza a poblarse de sentidos, moldea una concepción del mundo y de la realidad que nos rodea. El cine en la escuela es, en síntesis, un oasis de resistencia ante tanta desigualdad y opresión que constituyen el mundo cotidiano.



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