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El adiós al más grande

│Por Gabriel Gómez│

Se despidió el jugador y nació la leyenda. Brindemos agradecidos por la existencia de Manu, nuestro Manu.

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El reconocimiento de todo el planeta que rodea la pelota naranja para “el pibe de 40” ya habla por sí solo y no hace falta agregar demasiado. Desde Lebron James y Sthephen Curry, los dos íconos y figuras de la actual NBA, hasta el gran Kobe Bryant y Steve Nash, dos viejas y enormes figuras, eligieron las redes sociales para despedirlo y agradecerle por haber sido uno de los mejores de la historia de la mejor competencia del mundo. Porque eso fue, es y será Manu, un tipo que se atrevió a soñar en grande y se terminó metiendo en el museo de los más grandes.

Superó y alcanzó todos los objetivos que se propuso en su carrera deportiva a tal punto de que es considerado por muchos como el mejor deportista de la historia de Argentina. Un ejemplo tanto dentro como fuera de la cancha, un caballero y un basquetbolista ultra competitivo que logró estar a la altura hasta el último de los segundos que estuvo en el rectángulo. Y es eso lo que hoy más se le reconoce.

Llegó a los San Antonio Spurs en 2002 con solo 25 años. Con el correr del tiempo logró algo espectacular e impensado para un latinoamericano en Estados Unidos, se transformó en una pieza clave de un equipo lleno de figuras de primer nivel. En el equipo Texano consiguió cuatro campeonatos: en 2003, 2005, 2007 y 2014. También llegó a los mil partidos disputados en la NBA, único argentino de la historia, es el tercer máximo anotador de triples en la historia de los playoffs y se transformó en el jugador con más robos de balón en la historia de la franquicia. Y la frutilla del postre: se dio el lujo de participar en dos All Stars Game.

Tantos números y tantos logros establecen su influencia en el básquet. Un deporte que cambió desde su llegada a la NBA y que su propio coach, Greg Popovich, uno de los mejores y más reconocidos, una vez en una entrevista supo decir: “Fuiste duro, fuiste duro. En algún momento de ese primer año, segundo o tercero le dije `¿Por qué haces eso? ¿Qué sos?´ y el respondió: ‘Soy Manu y esto es lo que hago’ y desde ese día en adelante lo dejamos hacer lo que hace, así que él me enseño a ser un poco más paciente, de ampliar mis horizontes y pensar fuera de lo común un poco más y fue genial”.

No solo tiene el privilegio de decir que fue una figura en San Antonio, sino que también fue el pilar fundamental de la siempre recordada “generación dorada” argentina. Brilló en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, donde el combinado nacional se coronó campeón tras vencer al Dream Team de Estados Unidos en semifinales. Además, en aquel entonces fue elegido como MVP (mejor jugador) del torneo que será siempre recordado por la famosa palomita en la que voló a falta de un segundo para el final del partido y le terminó dando la victoria histórica contra Serbia y Montenegro. Con Argentina también fue subcampeón del mundo en 2002, medalla de bronce en los JJOO de Pekín 2008 y medalla de oro en dos campeonatos de América, 2001 y 2011.

Todo eso fue y será siempre Manu, el tipo que cambió el básquet, el que motivó a inclinarse a miles de niños a dedicarse a la pelotita naranja y no a la de fútbol, el que se superó año tras año, el que popularizó el Euro Step, el que ganó en todos los equipos que jugó, el posiblemente mejor deportista de la historia del país, el que te llena de admiración y motivación, pero por sobre todo un ejemplo de ser humano. Y eso a los argentinos nos llena de orgullo porque ídolos e iconos como Ginóbili no aparecen todos los días.



El artículo El adiós al más grande fue publicado originalmente en MaVa
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