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Destruir una agencia de noticias es romper el espejo

│Por Matías Sapegno y Hernán Di Bello│

Con la colaboración y el testimonio de muchos “agencieros” (auténticos maestros y maestras del periodismo), entre 2003 y 2004 escribimos y publicamos “30 líneas. Una guía para pensar y escribir en las agencias de noticias”. Gracias a ese humilde pero necesario libro de casi un centenar de páginas fuimos invitados al Tercer Congreso Mundial de Agencias de Noticias, que se hizo en Argentina en 2010.

Compartimos unos días en Buenos Aires y Bariloche con personas que eran pesos pesados de agencias de todo el mundo y vimos que ninguna pensaba en desaparecer, sino que eran conscientes de los nuevos desafíos tecnológicos que se venían dando. Entendimos clarito que las agencias estatales son una voz fuerte para contar un país hacia adentro y hacia afuera de sus límites, por lo que ningún gobierno renunciaría a tener una.

Si las noticias de tu país no te las cuenta una agencia de tu país, te las van a contar desde otro. Y con sus propios intereses. Como pasa con la española EFE, que ocupa los espacios que por diversas causas las agencias latinoamericanas dejan libre en sus propios territorios.

De hecho, en aquel Congreso Mundial las agencias públicas de noticias de nueve países acordaron avanzar en una red regional: la argentina Télam, Notimex de México, Agencia Bolivariana de Noticias (ABN) de Venezuela, Andes de Ecuador, Prensa Latina (PL) de Cuba, Agencia de Información Paraguaya (IP), Agencia Boliviana de Información (ABI), Empresa Brasileña de Comunicación y la Agencia Guatemalteca de Informaciones.

Télam nació como Telenoticiosa Americana el 14 de abril de 1945, durante el gobierno de Edelmiro Farrell-Juan Perón, para oponer información argentina a la que producían las agencias estadounidenses United Press International (UPI) y Associated Press (AP). Destruir la agencia nacional de noticias sería romper el espejo en el que podemos llegar a mirarnos con información fiable y federal.

En aquel librito citamos el Informe Mac Bride (Unesco, 1980), que sigue vigente con su sentencia: “Pocos niegan que la corriente unilateral de la comunicación sea un reflejo de las estructuras políticas y económicas dominantes en el mundo, las que tienden a perpetuar la dependencia de los países más pobres frente a los países más ricos”.

Vayan nomás a decirles a los alemanes que prescindan de la Deutsche Presse Agentur (DPA), a los italianos de la Agenzia Nazionale Stampa Associata (ANSA), a los franceses de la Agence France Presse (AFP), a los chinos de Xinhua, a los españoles de EFE…

No es una visión nostálgica y romántica la que nos lleva a advertir sobre lo que está ocurriendo hoy con Télam, porque hace poco pasó con la privada Diarios y Noticias (DyN), cerrada sin miramientos por la entente Clarín-La Nación. “Es una masacre”, escribía por Whatsapp hace unas horas una colega que trabaja, escribe, edita y sostiene el servicio noticioso de Télam (un servicio público) desde unos cuantos años antes del desembarco en las costas de la calle Bolívar de la turbamulta que los amantes de la big data dieron en llamar “periodismo militante”. Messi le metía un gol a Nigeria en el lejano Mundial de Rusia, mientras muchos laburantes de Télam recibían sus telegramas de despido y otros eran notificados por mail que, por la gracia del mejor equipo (de comunicación) de los últimos 50 años, seguían en “la nueva Télam”.

Las agencias de noticias no son dinosaurios destinados a desaparecer, los medios públicos tampoco. En las agencias se hace el periodismo cuadrado del sujeto y predicado, esa materia prima que atravesó tres siglos (arrancó en el XIX viajando por telégrafo, se expandió a velocidades supersónicas en el XX y está al alcance de la mano de gran parte de la humanidad en el XXI) sirve para abastecer a la TV, la radio, los diarios y también, claro que sí, a portales de noticias y también a las redes sociales. Porque no hay nada más periodístico que un tuit, que hasta hace no mucho tenía los límites de un título largo (140 caracteres) y hoy ha sido ampliado a la extensión ideal: 280 caracteres necesarios para un título y una bajada o copete, lo justo y necesario para contar una noticia; cortito y al pie.

Para dominar desde la economía, hay que dominar desde la comunicación.

Nuestra solidaridad con lxs periodistxs despedidxs de Télam.



El artículo Destruir una agencia de noticias es romper el espejo fue publicado originalmente en Pobres Ideas
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