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De un hincha a otro: gracias “Pipi”

│Por Paulo Caratozzolo

Una de las formas de explicar la grandeza de un jugador es el inmenso respeto que le tiene la mayoría de los hinchas de otros clubes. Tal vez no se nota cuando el ídolo disputa un partido de visitante, pero sí al momento de retirarse del fútbol profesional.

7 de junio, un jueves frío de este otoño. Pudo haber sido uno más, mientras esperamos el Mundial de Rusia, pero terminó de manera agridulce. Leandro Romagnoli se despidió del deporte más lindo que existe luego de 20 años de carrera, que incluyeron títulos con San Lorenzo y Sporting de Lisboa, el oro en el Mundial Sub-20 de 2001 y 36 goles en 397 partidos en Boedo.

En esas dos décadas hubo épica. Mucha épica. También lágrimas, de felicidad y de tristeza. Y hubo un amor pintado de azulgrana tan fiel como el que se promete una pareja recién casada. No por nada el Pipi es el máximo ídolo del Ciclón: fue quien ganó más títulos (6) con la camiseta cuerva y lideró con alma y huevos el San Lorenzo de los milagros.

La leyenda empezó a nacer por los títulos del principio de siglo que llegaban de la mano de sus gambetas, por el gol ‘messiánico’ en la ida de la final de la Copa Sudamericana 2002 contra Atlético Nacional de Colombia y por la identificación con el ídolo que había llegado al club con apenas 8 años.

El primer desencuentro en la historia romántica fue a fines de 2004. Al intratable Romagnoli le sobraba para jugar acá y era pretendido por las grandes billeteras, pero un grupo de hinchas y su fanatismo egoísta lo castigaban desde la platea por continuar su carrera en otro fútbol. Los Tiburones Rojos de Veracruz cerraron el fichaje más caro de México hasta ese momento. Luego el volante pasó por Sporting de Lisboa, donde consiguió otros cuatro títulos.

El Pipi y el hincha forjaron una historia de amor de novela.

El Pipi y el hincha forjaron una historia de amor de novela.

La segunda etapa en su amado San Lorenzo inició un miércoles lluvioso en septiembre de 2009, cuando Estudiantes visitaba el Nuevo Gasómetro. Las expectativas por su regreso se vieron respaldadas por un derechazo certero y sin ángulo que el jugador clavó en el arco de Av. Varela. No importaba el flojo presente del equipo ni el mal clima; los que estuvimos esa tarde lo habíamos sentido como una reconciliación.

El ídolo había firmado por un par de temporadas. Cuando las malas gestiones desembocaron en la angustiante lucha por mantener la categoría en 2012, Romagnoli se quedó y luchó con un plantel plagado de juveniles. La corrida contra Newell’s en el inolvidable 3-2, las asistencias contra San Martín de San Juan, las lágrimas luego del 1-1 contra Instituto de Córdoba para quedarnos en Primera. ¿Cómo no lo vamos a amar si dejó la vida como lo hubiera hecho cualquiera de nosotros?

El premio al esfuerzo llegaría rápido. El 15 de diciembre de 2013 San Lorenzo dio la vuelta en el estadio de Vélez, recordadísimo por la atajada de Sebastián Torrico y las imágenes del Pipi colgado en el alambrado y llorando de felicidad. Y si de emociones fuertes hablamos, el 2014 es el sueño cumplido, un anhelo que tardó una vida en llegar. La obsesión de la Copa Libertadores terminó el 13 de agosto y fue él quien levantó el hermoso trofeo que estará eternamente en la vitrina del Ciclón.

Pero hubo un segundo desencuentro. En realidad, una decisión apresurada. A días de ganar la Copa tuvo que viajar a Brasil porque había firmado un pre-contrato con Bahía; hasta le pusieron la camiseta de aquel club en el aeropuerto. La sensación era sumamente rara: ¿Qué hace allá? ¿No va a jugar el Mundial de Clubes? ¿No se va a despedir? El corazón pesó más en la balanza y abonó la rescisión de medio millón de dólares para volver y jugar la final contra Real Madrid en Marruecos.

Los años pasaron rápido, las reiteradas operaciones en las rodillas complicaron el final de la carrera, dejó ser tenido en cuenta como titular y el fantasma del retiro empezó a soplarle el cuello hasta convencerlo.

Ya no hay “me sentaré con la dirigencia para ver qué hago” como respuesta a la consulta por dejar el fútbol. Ya no hay “Pipi para rato”, aunque fue habilitado para disputar el torneo Senior y fue nombrado el nuevo manager. Ya no habrá ovación cuando la voz del estadio grite “y con la 10: el capitán, el ídolo, Leandro Atilio el Pipi RO-MA-GNO-LI”. Pero lo que sí hay es leyenda y, por supuesto, un interminable agradecimiento al hincha que nos representó en el rectángulo verde.



El artículo De un hincha a otro: gracias “Pipi” fue publicado originalmente en MaVa
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