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Cumple 50 años La Balsa, el tema fundador del rock argentino

│Por Ale Dube

Se cumplen 50 años del lanzamiento de “La Balsa”, uno de los hitos fundantes del rock nacional. ”La Balsa”, de Los Gatos, fue el primer gran éxito de nuestro rock. Litto Nebbia y Tanguito la compusieron en la confitería La Perla, en pleno barrio de Once, no imaginarían que sería una obra fundamental para entender el nacimiento de un nuevo género en el país.

Aguilar acaba de lanzar “Mi banda sonora, la vida es un encuentro”, la biografía de Litto Nebia, que recorre el momento de la creación. El cantante de Los Gatos recordó que Tanguito le pidió ayuda para terminarla. “Me “interesó lo que estaba cantando. Me dijo, ‘no sé cómo completarla’. Tocó la primera estrofa, tomé la guitarra y terminé. Nació en dos minutos”.

Litto, lejos de la polémica que se mantiene sobre si él o Tanguito la tocaron por primera vez, recuerda: “Inicialmente, Tanguito había propuesto iniciar una canción con la frase ´estoy muy solo y triste en este mundo de mierda”. Era una expresión contundente, característica del espíritu del movimiento juvenil roquero en su etapa contracultural, iniciada mundialmente con el encuentro entre Los Beatles y Bob Dylan el 28 de agosto de 1964 y que estaba a punto de estallar unas semanas después en Estados Unidos, con el “Verano del amor” que dio nacimiento al movimiento hippie.

Como con muchos otros temas de rock nacional e internacional, ha sido habitual sugerir que “La balsa” tiene un “mensaje encubierto” referido al consumo de drogas ilegales.

Es que en Buenos Aires, en la segunda mitad de los años sesenta, las anfetaminas eran la única droga más o menos disponible para los estudiantes. Tanguito adquirió una seria adicción a las drogas que lo dañó tanto personal como artísticamente y jugó un papel importante en su desequilibrio mental y su muerte.

Pablo Schanton, crítico especializado en rock, reflexionó: “Naufragar, palabra clave de “La balsa”, resumía un programa generacional. Existen varias versiones de cómo este término náutico se vuelve el “ábrete sésamo” del rock argentino en 1967. “Naufragar es quemar los días, charlar incansablemente en un café, salir de la rutina, quebrar las barreras del tiempo”, explicaba Nebbia.

En Argentina , la réplica del autoritarismo que criticaban La Balsa y Nebbia , se rompió un poquito el 3 de Julio, en medio del gobierno dictatorial de Juan Carlos Onganía, que veía en los jóvenes y su rebeldía, amenazas al orden, si hasta besarse entre parejas era reprimido. Nebbia reconoce 50 años después que “una de las cuestiones es que necesitábamos libertad de expresión, y no tanto la crítica de nuestros mayores. Busqué el concepto de una balsa como sinónimo de libertad. Si la escribíamos muy directa nos podían censurar”.

Con 200 mil discos vendidos a días de su aparición, “ La Balsa” se mantiene con el mismo espiritu. “Nebbia vivió el rock de la Argentina antes de sus comienzos, pero siempre con principios. Ya era un músico preadolescente cuando descubrió los primeros sonidos del rock en inglés y formó parte de la “nueva ola” rosarina que desembarcó en Buenos Aires como parte de una tendencia que estaba por convertirse en una historia de la cual Litto es protagonista y fundador: el inventor del invento.

Cuando las necesidades apretaron, Nebbia y su compañero Ciro Fogliatta (un extraordinario pianista de blues que sigue tocando todas las semanas y grabando) apostaron por quedarse en Buenos Aires y grabar los que serían los primeros éxitos (además de muy buenas canciones) de lo que ahora conocemos como el rock nuestro de cada día, llamado en el tiempo: rock nacional o rock de la Argentina. Y también, el rock de toda Hispanoamérica y el territorio hispanohablante de los Estados Unidos. Y España.

En síntesis, escuchar La Balsa asi como leer “Mi Banda Sonora”, la biografía (o memoria libre, como prefiere llamarla), son para un músico (o un amante genuino de la música) un viaje extraordinario, sus primeros diez años en la música son de una actividad constante, todo es aventura pero todo es seriedad bien entendida, entrega al arte y a la vez aleccionador.



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