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Cuando los colores traspasan cualquier deporte

│Por Gabriel Gomez

El nacionalismo brilló a flor de piel en una competencia que superó todas las expectativas.

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Diecisiete días pasaron desde que se dio inicio a los Juegos Olímpicos de la Juventud que se organizaron aquí en Buenos Aires. Algunos días más atrás, aún muchos de los ciudadanos no tenían idea de que estaban a punto de vivir uno de los eventos más importantes que se llevaron a cabo en la ciudad.

El mismo día de la inauguración, la cantidad de gente que se acercó al Obelisco sorprendió a muchos, ya que se creía que esta competencia en la que predominan deportes poco usuales de ver en Argentina -gracias a la propia ignorancia de quienes habitamos el país- no iba a generar mucho revuelo más que algún deporte en especial como el tenis, el futsal o quizás el boxeo.

Aquella presentación fue un pequeño aviso de lo que se viviría durante toda la competencia. El hincha argentino no deja de sorprender nunca. Así como alguna vez decenas de personas viajaron a Croacia en la final de una Copa Davis, o miles se trasladaron a la otra punta del mapa para ver a su selección de fútbol en Rusia, entre tantos otros casos, en estas dos semanas demostraron una banca importante a los más jóvenes. Muchos se acercaron para conocer nuevos deportes y otros simplemente fueron a gritar porque había un grupo de chicos en una competencia con la de Argentina puesta, y eso ya era una excusa perfecta.

Si bien la organización ayudó mucho a la hora de dar las entradas de forma gratuita, lo que hizo la gente fue una verdadera locura. Ya con los Juegos Olímpicos terminados, quedó a la vista de todo el mundo el sentimiento argentino a la hora de hablar de deporte y esto puede llegar a servir en el futuro para que se le dé mayor importancia a otras disciplinas que no sean fútbol, tenis o básquet.

Al fin y al cabo para los organizadores lo que importaba era tener el mayor éxito posible a nivel atletas y por supuesto a nivel concurrencia. En ambos casos se superaron cualquier tipo de expectativas. Quizá una cosa llevó a la otra. Lo cierto es que los hinchas se pusieron la camiseta y llenaron todos los estadios a cualquier hora, a tal punto que hubo gente que se quedó afuera por falta de espacio.

Desde esgrima a remo, pasando por el beach handball y el básquet 3×3, en cada competencia donde hubo un atleta representando la bandera celeste y blanca se veían cientos de personas apoyando. Y en muchos casos ni siquiera sabían las reglas básicas de la disciplina, pero lo que importaba era estar presente y apoyar, porque los colores y los sentimientos por la “albiceleste” traspasan cualquier deporte.



El artículo Cuando los colores traspasan cualquier deporte fue publicado originalmente en MaVa
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