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Construcción y deconstrucción de lo visual

|Por María Soledad Goyanes|

Una imagen vale más que mil palabras. Frase que toma cada vez más fuerza en un mundo revolucionado por la locura selfie y las redes sociales.

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Hoy en día, y hace ya algunos años con la llegada de la primera cámara digital y los primeros celulares inteligentes, todo puede ser filmado y fotografiado. De este modo, ya no se privilegian o seleccionan momentos a captar; y en términos generales, podemos preguntarnos si esas mismas situaciones retratadas hoy se ven vaciadas de sentido o el mismo se encuentra altamente resignificado.

Nos encontramos inmersos en una cultura de la imagen donde la selfie se lleva todas las miradas, y al ritmo de las redes sociales no participar de ella, es sinónimo de quedar afuera. En los tiempos que corren, Facebook y más aún Instagram son las grandes hacedoras de una personalidad digital centrada puramente en lo visual.

Natalia Alonso y Santiago Favaro son jóvenes emprendedores que también entienden a la fotografía como una construcción que puede acercarse más o menos a lo real, y donde las redes sociales son el medio de efecto inmediato para compartir. Sus experiencias son diferentes entre sí y, a la vez, similares. Nos enseñan que la cultura de imagen puede ser llenada de otras miradas donde el acto de fotografiar puede ser aún valorado como forma de expresión, arte, lenguaje.

Natalia tiene 29 años, es licenciada en Ciencias de la Comunicación y al recibirse obtuvo como regalo una cámara réflex. Allí empezó la aventura, donde fotografiar se convirtió “en una manera de transmitir lo que pensamos, lo que creemos, lo que sentimos”.

Oruga, Bariloche, de Natalia D. Alonso

Oruga, Bariloche, de Natalia D. Alonso

Al principio y mientras dominaba ese regalo que -según nos cuenta- no sabía ni encender, todo fue hobbie: “No me defino como fotógrafa, sino como alguien a la que le gusta mucho sacar fotos. Hice algunos cursos, y comenzó mi tarea de explorar; quizás más desde un lado artístico”.

Paulatinamente, y en el ejercicio de su profesión, el hobbie pasó a segundo plano. Natalia fundó Dhara hacia septiembre del año pasado. Con mucho éxito, en un año logró grandes satisfacciones asesorando a empresas desde la comunicación digital. “La fotografía se volvió un complemento muy importante de mi trabajo en tanto comunicación institucional, diseño gráfico o web. Asesorando a pymes, a muchas les servía lo visual para comunicar sus servicios, sus productos, sus logros”, afirma a Revista Dínamo.

Se define como una persona que cuando se propone fotografiar, sale con la cámara en mano para ver qué encuentra: “Lo que uno intenta es transmitir una mirada. Trato de poner el foco en lo que me surge en el momento; las cosas lindas, lo malo, lo bueno. Y encontré mucho placer al fotografiar cosas de la naturaleza; cosas pequeñas, planos cerrados, y a la inmensidad también”, dice.

Atardecer, Colonia, de Santiago M. Favaro

Atardecer, Colonia, de Santiago M. Favaro

Santiago, de también 29 años, es fundador de Mushapps, donde se dedica a programar. Si bien su profesión es menos afín a la fotografía en comparación con Natalia, es partir de ella que se vuelca a tomar fotos. “Como ingeniero en electrónica, mi formación fue pura técnica. Terminar la facultad fue cerrar un ciclo. Me movía el querer aprender nuevas y diferentes cosas, y el hecho que desde muy chico con mi papá, cámara réflex por medio, tomaba fotografías, que utilizaba para armar las tapas de mis CDs y casettes”.

Junto a su pasión por viajar, cada lugar a conocer incremento sus exigencias en el acto de fotografiar. “Comencé a retomar el lado artístico que había perdido hace tiempo. En cada viaje, me cruzaba con personas que sacaban 200 fotografías por día. Cuando mi destino a visitar fue Japón, ahí decidí comprar una mejor cámara, ya que había exprimido las posibilidades de las cámaras compactas digitales. Volví súper entusiasmado en querer aprender cómo utilizar la cámara y tomar fotos, profesionalmente”, asegura.

Bruja, retrato artístico, de Santiago M. Favaro

Bruja, retrato artístico, de Santiago M. Favaro

Hoy es estudiante de fotografía con miras al ejercicio profesional. Apreciar sus trabajos es reparar en el detalle cuidado y la dedicación. Se trata como frente a un cuadro, de quedarse más de unos segundos, festejar la obra y descubrir al autor. “En los eventos sociales comencé a encontrar una salida laboral. Sin embargo, la fotografía es aún hoy un hobbie y muy intenso. Mi interés se centra en armar books; representar a alguien sea por belleza o identidad. Jugar con disfraces generando retratos artísticos. Así como también la fotografía de recitales. Ver a la banda que te gusta y encima sacar fotos, es un complemento gigante”, señala.

La moda selfie tal vez encierre una combinación de diferencia generacional, mayores posibilidades tecnológicas y algunos valores en crisis o resignificaciones. Por su parte, Natalia y Santiago nos demuestran que aquello que vemos en las redes sociales puede tener construcciones y sentidos diferentes, donde lo visual -encierre la forma que encierre- es un acto de expresión donde nos encontramos a nosotros mismos e intentamos contar quienes somos.

Fotos:
Natalia D. Alonso @Natlonso
-Lavado de cueros, Marruecos
-Oruga, Bariloche
Santiago M. Favaro @smfunder
-Atardecer, Colonia
-Bruja, retrato artistico



El artículo Construcción y deconstrucción de lo visual fue publicado originalmente en Revista Dínamo
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