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Charly en el Gran Rex: pasajero en trance

│Por Roque Casciero

¿Cuántas vidas tiene Charly García? Más que los gatos, seguro. No puede ser que este tipo, sobreviviente casi milagroso de su propia encarnación del mártir rockero, haga un show como el del martes en el Gran Rex. No puede ser. Si viene de quebrarse la cadera, si apenas puede caminar, si en los Gardel dio un poco de pena… No puede ser que encienda la máquina de ser feliz y conmueva hasta las lágrimas. No puede ser que cante como hace décadas no lo hacía, que comande a su banda desde su trono rodeado de teclados, que exclame “¡Qué temazo!” cuando acaba de entregar una versión increíble de “Pasajera en trance”… que es un temazo. No puede ser. Pero es. Charly García es.

Con el telón aún cerrado, la Rickenbacker podridísima dio la primera pista de que sería un show intenso: “El aguante” fue explosión, sí, pero enseguida “Instituciones” –recuperado del catálogo de Sui Generis- fue como una cachetada de musicalidad, un recordatorio en vivo y en directo de todas las posibilidades que García encontró en y para el rock, de todas las puertas que abrió. “No soy un extraño”, con ese aire de tecnopop tanguero sólo posible en la mente de Charly, destiló calle Corrientes, que ahora volvió a ser angosta. “Hoy es el día en que muere el rock”, ¿bromeó? el músico antes de “Cerca de la revolución”, tan al palo como en Piano bar.

Después de ese tándem apabullante, “La máquina de ser feliz” trajo a Random, el último trabajo de García, y también al buen humor. “Thank you, Argentina”, dijo. “Peor sería Guns N’ Roses… Armas y rosas, ¿qué es ese nombre? Y el del sombrero ése… Hay que parar esta invasión desmesurada, tipo Trump pero al revés”. “King Kong” (de Kill Gil) y el reciente “Lluvia” mostraron la solidez de la banda, a la que no le sobra nada pero tampoco le falta: los destellos de genio son de Charly y nadie va a buscar otra cosa.

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También hubo tiempo para homenajes, sí. Primero a Pete Townshend con “Believe”, después al Flaco Spinetta con una versión calentísima de “Rezo por vos”. “Fax U”, con Primavera para Hitler en las pantallas, le dio paso a “Otro” y “Reloj de plastilina”, en un gran momento del show. “Rivalidad”, también de Random, fue dedicada a la vecina que inspiró el tema (con Robert De Niro recibiendo piñas en Toro salvaje de fondo), y “Yendo de la cama al living” mostró algunos desajustes, pero ganó por contundencia de clásico. De allí, a “In the City that Never Sleeps” y “Asesíname”, antes de una movilizadora versión de “Cuchillos”.

El único invitado de la noche fue David Lebón y, lógicamente, el aura de Seru Giran se hizo presente. Primero con una demoledora “No llores por mí, Argentina”, después con la extemporánea “Peperina” (sería hora de revisar ese ataque a una periodista acusándola de groupie, ¿no?). Las manos apretadas y las miradas profundas entre Charly y el Ruso fueron el testimonio de una relación de décadas (“por ahí no nos vemos todos los días, pero te quiero mucho”, le dijo el guitarrista) y de una de las bandas más importantes del rock argentino. Valió la pena soltar alguna lágrima, ¿eh?

Con el público y los músicos encendidos, “Influencia” encontró una inmejorable forma, que contagió para el final antes de los bises, con dos temazos del inoxidable Piano bar: “Promesas sobre el bidet” y “Demoliendo hoteles”. En el largo intermedio, el público explotó con el canto que recuerda al presidente argentino y con el que pide “aborto legal en el hospital”. Otra vez con el telón corrido, el comienzo de “Los dinosaurios” marcó el inicio de la despedida. Y si ese clásico no terminó de sonar redondo, “Pasajera en trance” compensó cualquier falla. “Shisyastawuman” fue el inesperado cierre; con la canción todavía sonando cuando García se paró y dio unos pasos dificultosos hacia bambalinas. “Chau, nos vemos la próxima”, había dicho justo antes. Es que, cuando un artista conjuga su obra en tiempo presente, el futuro está ahí nomás.

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El artículo Charly en el Gran Rex: pasajero en trance fue publicado originalmente en Silencio
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