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Charles Bradley: el poder del alma

│Por Sebastián Chaves

El 24 de septiembre de 1962, James Brown se presentó en el Apollo Theatre de Nueva York y dio uno de los shows más memorables de su carrera, inmortalizado en el imprescindible James Brown – Live at the Apollo. Invitado por su hermana y con apenas 13 años, allí estaba Charles Bradley, que en ese preciso momento supo que quería ser cantante.

Pero en la carrera por convertirse en estrella, Charles Bradley llegó último.

Nacido en 1948 y con un primer disco editado a los 63 años, fue todo lo contrario a lo que las reglas de la música pop exigen a la hora de vender a la sensación del momento. Pero también fue la muestra más clara de que el show business, con sus modas, sus novedades y sus hypes, tiene sus puntos ciegos. Y es en ellos donde surgen misterios fascinantes como el de Charles Bradley.

Cuando nadie lo esperaba -ni siquiera él-, se convirtió en uno de los baluartes del soul en el siglo XXI. Gracias al fenómeno Amy Winehouse, un público nuevo se mostró más que dispuesto a indagar en las raíces del género y con ello ganaron notoriedad soldados olvidados como Bradley, Lee Fields y Sharon Jones. Los tres se encontraron con un reconocimiento global recién después de cumplir 60 años.

Bradley nunca conoció a su padre, su madre lo abandonó antes de cumplir un año y volvió por él en la década del 60. Antes de cumplir 20, estuvo al borde de la muerte luego de que la penicilina le provocara una reacción alérgica, vio como su hermano moría asesinado y se escapó de su casa en busca de mejores condiciones de vida. Se acostumbró a dormir en sótanos, vagones de subte y hoteles de mala muerte; una vez establecido en Ben Harbor, un pequeño pueblo en el estado de Maine, consiguió trabajo como cocinero y como imitador del padrino de James Brown, gracias al parecido vocal y físico entre ambos.

Pero fue recién en 2011 que su vida cambió para siempre. El mismo año en que moría Amy Winehouse, la diva retro por excelencia, él se conformaba como la contrapartida vintage. Después de años de idas y vueltas con el sello Daptone, finalmente grabó su primer larga duración, No Time for Dreaming. El título (en español No hay tiempo para soñar) deja a las claras su punto de vista: incluso a los 63 años se puede vivir con urgencia. Con la impronta del soul de la vieja escuela, Bradley acuñó 14 canciones que tenían a su voz como herramienta principal, acompañada por una sensibilidad tal que le permitió hacer propios temas de Nirvana (“Stay Away“) y Neil Young (“Heart of Gold“).

Victim of Love (2013) confirmó el gran momento de Bradley y Changes (2016) sirvió, a su vez, como reconciliación definitiva y despedida a su madre. “Yo no sabía ni quiénes eran, pero cuando escuché la letra, cuadraba perfecto con mi propia vida”, le dijo a Rolling Stone sobre el tema de Black Sabbath que le da nombre a su último disco.

Ese mismo año, le diagnosticaron un cáncer de estómago que lo obligó a cancelar su gira, que incluía un show en el festival BUE. Pero Bardley tenía fuerza para un round más: a principios de 2017 los médicos confirmaron que el tumor se había ido y no dudó un segundo en volver a la ruta. La espera por el reconocimiento había sido demasiado larga como para perder el tiempo convaleciente. Sin embargo, a principios de septiembre volvió a cancelar su gira por un nuevo tumor, esta vez en el hígado. Murió el 23 de septiembre, a los 68 años.

Charles Bradley no vivió rápido, no murió joven y poco importa saber si dejó un cadáver bonito. Lo que sí dejó fue un puñado de canciones que a cualquiera le alegran el día. Y también la enseñanza de que nunca es tarde para ir en busca de eso que el destino alguna vez te auguró como imposible.



El artículo Charles Bradley: el poder del alma fue publicado originalmente en Silencio
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