tinelli

Buenas noches, Marcelo

│Por Sofía Cazeres

El problema no es que las pibas bailen en minishort, ni que Marce les corte la pollera mientras pone cara de perrito excitado; porque la compañera que quiera trabajar con su cuerpo y su sensualidad, que lo haga. Más aún, si tiene la suerte de entrar en el trabajo reglamentado y puede enmarcarse en un contrato y consentir. Tampoco es por ese mal llamado “puterío”, es decir las
discusiones sin principio ni fin que el propio conductor motiva y alienta, que luego sirven para alimentar tanto futuras emisiones del mismo show, como todos los programas satélites que viven únicamente de profundizar y replicar dichos conflictos. Preocupa el discurso sostenido. Preocupan la infinidad de estereotipos de roles de género y clase que se producen y reproducen en esas horas. El exitismo celebrado; o esa sobre estetización de todo: de la vida, de las emociones y de la política.

Marcelo Tinelli es su propia marca pero no es solo eso: también es el generador del mayor producto transmedia de Argentina, que no sólo genera sus propios conflictos – como si fuera una ficción – sino que también alimenta y se alimenta de las repercusiones y problemas desarrollados en otros programas del mismo canal y de otros, de diversas radios FM y revistas de espectáculo. Es decir, el programa se convierte en una gran ficción (ya que a pesar de la pretensión de realidad, nadie puede asegurar la veracidad de lo que ocurre en el show) que traspasa no sólo el producto en sí, sino diversos medios y lenguajes, y aún más: involucra las redes sociales de los participantes/personajes extendiendo el relato a lo largo de todo el día.

En cada uno de los pasos que da esta versión ficcional de la realidad, se aporta más información al espectador que con mirada atenta sigue el recorrido de las estrellas a lo largo del día. El espectador ideal de Showmatch debe ser uno comprometido. Pero el producto está desarrollado de una forma tan certera, que incluso quienes no miren el programa acceden a la “información jugosa” de lo que ocurrió en el mismo a través de resúmenes de noticias, diarios y noticieros “serios”. Los  participantes/personajes desarrollan sus historias adentro y afuera del espectáculo en sí, volviendo al mismo más que autorreferencial y meta referencial (de nuevo, a pesar de la pretensión de realidad).

Si bien el segmento principal es Bailando por un sueño, la emisión promedio dura 1.30 hs. y tiene 10 minutos de baile propiamente dicho, siendo el resto del tiempo dominado por diversas discordias entre participantes/personajes con jurados/personajes y público/personaje. Cabe aclarar: el mayor producto del programa no es el show en sí, sino la cantidad de futuras “figuras del espectáculo” que Marcelo Tinelli sabe detectar y poner en órbita del Star System argentino, que luego llenan año a año la cartelera de la temporada en Mar del Plata y Villa Carlos Paz y – si tienen suerte o buenos representantes – las novelas o paneles de programas de chimento del siguiente año. En los peores casos caen en el olvido o regresan al Bailando… y el ruedo vuelve a comenzar.

Dentro de esas peleas, todos los problemas y emociones son tratados de la misma forma, sin importar si se trata de un rumor, una enemistad o violencia de género. El llanto figura como expresión máxima y clara de cualquier sentimiento, tanto feliz como doloroso, y todo el plantel se hace eco de la situación fingiendo algunas lágrimas que se limpian con un pañuelo oportunamente guardado para la ocasión. Dentro del universo planteado, la gente odia o ama, sin puntos medios. Ángela Torres era mejor amiga de Lali Espósito pero ya no, porque ahora no se quieren más por alguna polémica que no se termina de entender pero dentro de la diégesis tendría sentido. No hay situaciones de mayor o menor seriedad, todo parece importar mucho o no importar nada y al final, como si fuera poco, se cierran las problemáticas de la orden del día con lo imperioso, Tinelli se aclara la garganta y dice que bueno, que igual no importa si Federico Bal cagó a trompadas a Barbi Velez porque ya cada uno hizo su descargo y hay una coreografía que realizar. Es decir, Showmatch debe continuar. Sólo cuando Mery del Cerro contó que fue abusada a los 11 años hubo una pausa. La pidió Laurita Fernández: “¿Le podemos ir a dar un abrazo a Mery todas?” Y Marcelo contesta que sí, que lo que quieran, mientras le explica a una audiencia que imagina desalmada: “Es un momento muy difícil porque estar puntuando un baile después de lo que acaba de decir, es muy fuerte”. Luego de ese paréntesis habrá puntuaciones y las parejas serán catalogadas como hermosas o mediocres, se alabará el vestuario y estilismo y qué lindas que están – sobre todo – las participantes femeninas, las coach femeninas, las jurados femeninas. Nada nunca entra en la categoría de “lo feo”, ni los golpeadores, ni los fans de las carreras de galgos, ni las robamaridos, ni las esposas maravillosas. Por suerte existe Showmatch, para que seamos todxs lindxs. Dentro del mismo contexto, los problemas políticos también son banalizados, no sólo por la utilización de imitadores sino por los “derecho a réplica” que tienen los “originales”, llevando a casos como el de Daniel Scioli, que enseña como hacerse el nudo de la corbata con una sola mano en plena campaña electoral sin discutir plataformas de gobierno, ni nada de lo que uno esperaría de un candidato a presidente.

Habrá discursos de Marcelo Tinelli en los que hable de la importancia del movimiento de mujeres, dirá que gracias a ellas la sociedad abrió los ojos y pudimos ver comportamientos que estaban mal. Pondrá porristas verdes en el público para festejar los chistes y hará que muchas de las cantantes más reconocidas del país canten, sin una sola presencia masculina. Las participantes a veces llevarán pañuelos verdes y a veces se negarán a criticar a su compañera, aunque el show deba continuar.

El problema, entonces, no es lo que sucede en Showmatch circunscrito a su universo ficcional; sino que pareciera ser un reflejo de la realidad. O mejor dicho, una extensión de ella; para luego formar parte efectivamente de lo real o de lo real expuesto por los medios hegemónicos de comunicación, trasladando su discurso de liviandad y estetización como perteneciente a la mayoría social cuando el movimiento es más bien inverso: el contenido nace del producto y se esparce luego a lo largo y a lo ancho de la vida cotidiana del país, ¿o van a argumentar que no tienen idea de lo que pasa en el Bailando… aún sin sintonizarlo?



El artículo Buenas noches, Marcelo fue publicado originalmente en No lo vas a leer
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