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“Borg McEnroe”: cuando el hielo se cruzó con el fuego

|Por Tomás Onorato|

Bajo la precisión de Janus Metz, Sverrir Gudnason y Shia LaBeouf encarnan a los míticos tenistas Björn Borg y John McEnroe, respectivamente, en su camino hasta la final de Wimbledon 1980. Una película que encuentra su potencial en la tensión, amoldada a uno de los momentos más trascendentales del deporte.

Siempre es difícil realizar una película sobre deportes. Juegos como el fútbol o el tenis arrastran tal significado y pasión de parte de sus fanáticos al punto en que se vuelve casi imposible reflejar esa emoción. “Borg McEnroe”, sin embargo, es la historia de dos personas que midieron quién podía cargar más peso en sus hombros.

El film, con el que el director danés Janus Metz empieza a pisar fuerte en el mercado internacional, podría ser calificado como un “drama psicológico”. La historia inicia en 1980, días antes del inicio de Wimbledon. Ambas leyendas afrontan la presión de quienes son desde los primeros minutos: Borg no puede seguir conteniéndose en su mente fría y McEnroe sufre por ser una de las figuras más detestadas (o quizás subestimadas) del deporte. Constantemente el espectador es sometido a incómodos planos de cámara sobre los rivales, mientras distintos sonidos invaden su mente a las patadas.

Gudnason, quien ya había caracterizado a “The Ice Man” (El hombre de hielo) en la serie “Clash of the Titans” (Choque de titanes), consigue con intensidad lograr gritar de dolor sin mover un músculo de su rostro. Durante la película, Robert Emms, en la piel del tenista Vitas Gerulaitis, lo describe mejor que nadie: “Parece un iceberg, pero en realidad es un volcán”. Claro está, es necesario resaltar el fino trabajo del guionista sueco Ronnie Sandahl, en profunda sincronía con la filmografía, llena de tristeza épica, y las correctas actuaciones.

Mientras los protagonistas avanzan hacia la final, múltiples flashbacks remontan el relato a sus primeros pasos. El film mantiene una preferencia por la historia de Borg: poco llegan a conocer sobre McEnroe, más que la abrumadora relación que mantiene con su padre y la excelencia. Por el lado del sueco, el panorama es mucho más completo, quizás también por el atractivo comercial de que su versión joven es encarnada por Leo Borg, hijo de la verdadera leyenda.

Otra de las razones por las que el trabajo de Metz logra alcanzar al público es por el respeto y la precisión histórica que mantuvo con su historia. Desde el vestuario, pasando por los actores, y en cada escena, los detalles invitan a revivir el hecho, a conocer realmente a sus protagonistas. El casting también demuestra un cuidadoso interés, excepto por Stellan Skarsgard, pero la estrella de cine sueca más conocida de la actualidad difícilmente se quedaría sin un papel.

Por último, cabe aclarar que el título de la película puede ser engañoso. La amplia mayoría del tiempo, Sverrir Gudnason acapara la pantalla, pecado entendible de parte de dos compatriotas nórdicos. Lamentablemente, no hay suficiente tiempo para conocer y empatizar con John McEnroe, sobre quien Shia LaBeouf tiene especial rigor a la hora de caracterizar.

Asimismo, nunca hubo un verdadero conflicto entre los tenistas más que la competencia profesional. De hecho, el film tampoco fuerza las relaciones para que lo haya. Borg arrastra tensión por sus problemas emocionales y la dureza de su entrenador (Stellan Skarsgard), quien lo creó a fuerza de fuego y hielo. Por su parte, McEnroe vive la misma situación con su padre, además de tener verdaderos cruces personales con otros pares: Peter Fleming (Scott Arthur) y Jimmy Connors (Tom Datnow). Entonces, una vez más, el título vende un poco de pescado épico podrido.



El artículo “Borg McEnroe”: cuando el hielo se cruzó con el fuego fue publicado originalmente en #ONtrend
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