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Betiana Blum: “Esperando la carroza no fue un trampolín en mi carrera”

│Por Laila Rott

Con más de 50 años de carrera, Betiana Blum es sinónimo de comedia. Es que la actriz logró instalarse como una de las grandes caras del humor en teatro, cine y televisión. Y su nombre sigue más que vigente. Ahora, la pantalla grande vuelve a tenerla como protagonista con El día que muera: mi gran velorio, dirigida por Néstor Sánchez Sotelo. Allí, interpreta a una típica madre judía que finge su propia muerte para poder reencontrarse con sus hijos. En el medio de la alegría del estreno, la actriz habló sobre este nuevo proyecto, sus inicios y, por sobre todo, su futuro.

-¿Cómo te llega la propuesta para protagonizar esta película?
-Néstor me mandó el guión hace un tiempo. Cuando lo leí, me encantó. A mi me gusta mucho el humor, más todavía este tipo de comedia donde lo tenés que hacer muy serio porque sino no hacés reír. Además, cuando me enteré del casting que habían hecho y los compañeros que iba a tener, no lo dudé. Son todas joyas. Trabajamos muy bien, con mucha alegría y apoyándonos mutuamente. Fue un verdadero disfrute la filmación.

-Además, fue tu vuelta al cine después de mucho tiempo junto con Todavía que se estrenó hace unos meses. 
-Sí, con estas dos películas volví. La verdad que casi no sentí la ausencia porque gracias a Dios trabajo todo el tiempo en todos lados, sea cine, teatro o televisión. Siento que estoy haciendo mi profesión acá o allá. Cada medio te da posibilidades distintas, un entrenamiento diferente.

-Pero el cine siempre fue un lugar de elite. 
-Sí, es verdad. Pero a mi me encanta hacer cine. Pero cada medio tiene lo suyo. La televisión tiene mucha exigencia y te va ablandando, en el cine lo que hagas te tiene que salir bien una vez, mientras que en el teatro debés hacerlo todas las noches. En ese sentido, quizás, el cine es algo más descansado. En este caso, con esta película, cada escena fue un disfrute con mis compañeros de lujo.

-¿Fue un lugar al que te costó acceder el cine?
-En realidad, al principio hice cosas chiquitas, bolos. Pero después, fue medio de casualidad. Justo estrenamos La sartén por el mango, una obra de teatro de Javier Portales. A Manuel Antín se le ocurrió hacerla en cine. Ahí gané mi primer premio como revelación. A partir de ese momento, me fue muy bien con el cine. Incluso, haber participado de una obra que aman tanto los argentinos como Esperando la Carroza fue una bendición. La gente la ama, la pasan de generación en generación. Al día de hoy, hay familias que me cuentan que se la llevan si van de vacaciones por si llueve un día.

-Al haber participado de un fenómeno tan grande como Esperando la carroza, ¿estaba el miedo de quedar encasillada en eso? Porque podía funcionar como un gran trampolín o como un ancla. 
-No, no fue un trampolín en mi carrera.  Tampoco un ancla. Mi trabajo no explotó después de eso, yo seguí trabajando igual que siempre. La forma en que se fue dando mi carrera tiene algo bueno: de alguna manera, ha sido muy gradual. No debuté con un protagónico. Eso me hubiera enloquecido un poco porque no sabés qué hacer después.

-Hablaste de tu carrera y justamente ya llevás más de 50 años desempeñándote como actriz ¿Cómo te planteas desafíos a esta altura? ¿Sentís que te falta algo?
-Personalmente, yo elijo no pensar que me falta algo. Sino vivís siempre en falta. Agradezco profundamente todo lo que hice, todo lo que me ofrecieron. Tampoco pienso ‘ay quisiera hacer este personaje’. Yo siempre digo y dejo que la realidad me muestre. De las cosas que se me ofrecen, elijo las que me son más afines. Esa es mi única condición: siempre me decido por algo que yo iría a ver como público. Nunca hago un personaje que yo no consumiría. Busco cosas que a la gente realmente le hagan bien, que le muestren ideas que les sirvan a través del humor o del drama.

-Justamente, uno desde afuera piensa que en la carrera del actor lo aspiracional debe ser algo muy fuerte.
-Sí, hay actores que tienen sus proyectos y aspiran a determinados personajes. Eso me parece perfecto también. Pero yo elijo no ir por ese lado porque es como frustrante. Vivís en una tensión de lograr algo. Personalmente, prefiero agradecer y hacer lo mejor que puedo con lo que me ofrecen y así me siento bien. Lo disfruto.

-Los desafíos se te presentan solos entonces.
-Sí, en esta película por ejemplo me tuve que tirar de un avión. Eso sí que fue un desafío (risas). Pedí que se tirara alguien antes para ver. Cuando lo vi, pensé que yo me iba a romper una pierna. Pero volviendo a lo anterior, las cosas que te ofrecen siempre son interesantes y sino, no las hacés y listo. El gran desafío para mí pasa por hacerlo vivo y no tan actuado. Lograr que el espectador crea que el personaje es una persona y no una persona haciendo de. Yo doy clases porque me preocupa pasar la antorcha a mis alumnos en esa dirección de correrse del ego. Hay que borrarse uno y dejar que el personaje sea.

-Justo en Todavía y acá te tocó hacer de una madre que a determinada edad se replantea un montón de cosas respecto a su vida y a la de sus hijos, ¿te sucedió algo parecido a vos? Siempre contaste que la crianza de tu hijo fue muy difícil y que tuviste que relegar muchas cosas por tu trabajo. 
-Sí claro. Fue algo muy duro. Los momentos en que tenés que estar sola con un hijo y sostener todo vos. A mi me sucedió eso. El papá tuvo que exiliarse y, aparte, estábamos separados. Lo bueno, a la distancia, es que me doy cuenta que viví las cosas sin tortura. Tenía que mantener todo y hacía lo mejor que podía. Obviamente me rompía el corazón dejar a mi hijo a la noche cuando tenía que ir al teatro. Pero bueno, iba y lo hacía de la mejor manera posible. Así hice todo en mi vida, sin torturas y sin quejas. Mi hijo ya es grande, es escritor y ama la profesión. Ahora, mi nieto que tiene 11 años ya se comporta también como un hombre del espectáculo. Con sus amigos arman guiones, filman con los teléfonos. Un día entré a su cuarto, que está todo ambientado como un teatro, y lo encontré haciendo los afiches de algo que iba a hacer con sus compañeros.

-Hablabas de que hiciste las cosas sin tortura, ¿esa tortura tampoco vino después? Por ejemplo, si ahora miraras hacia atras, ¿agarraría culpa o ya no?
-Todo depende de cómo mirás las cosas. Siempre hay que mirarlas de la mejor manera. Yo sé que hice todo lo mejor que pude. Obviamente no soy perfecta. Tengo mucho por aprender todavía y por eso sigo viva. Hay que tener humildad. Si ahora me recriminara, sería como suponer que podría haber hecho mejor las cosas y yo sé que no es así. No hay que engañarse. Confío en la humildad y hay que aceptar que en ese momento no me di cuenta, no me dio para más. Ahora que me doy cuenta, voy a tratar de hacer las cosas lo mejor que pueda. Y si las personas se enganchan y no perdonan algo, yo estoy siempre disponible para hablar. No tengo odios. Si bien hay cosas que no me gustaron, no me quedo enganchada en eso ni tengo nada en contra de nadie. Así vivo mejor.

-Hablabas de tu hijo escritor y vos también tuviste un paso por la escritura, ¿quedó relegada la Betiana escritora?
-Sí, ahora no me da. Pero me encanta. En mi cabeza se me ocurren ideas todo el tiempo. Pero para lograr elaborar un guión hay que sentarse y trabajar mucho.

-¿Pero es verdad que colaborás en los guiones en los cuales actúas?
-Sí, me salen bocadillos muy graciosos. Pasa que cuando te metés en el personaje, llega un momento en el que pensás como él. Entonces, te salen cosas orgánicas que son muy divertidas y completan determinada situación.Pero obviamente siempre lo hablo antes con el director o el guionista, nunca me mando ni me pongo a hacer cosas que no quieran. Lo planteo y si funciona, queda.

La actriz protagoniza esta nueva película de Néstor Sánchez Sotelo donde finge su muerte para reencontrarse con sus hijos.

La actriz protagoniza esta nueva película de Néstor Sánchez Sotelo donde finge su muerte para reencontrarse con sus hijos.

-¿Y armar un guión propio tampoco es algo que veas cercano?
-No creo. Lo último que hice fue Corazón de León con Marcos Carnevale. En realidad, eso nació de que él me comentó esa idea de una mujer abogada a la que le iba mal en el amor. De repente, se le aparecía el hombre ideal que era un enano. Pero se atrasó porque era muy caro de hacer. Pasaron muchos años y un día Marcos me comentó que se podía hacer la película pero achicando un actor y me pidió permiso. Obviamente lo dejé hacerlo. Pero para armar un guión propio hay que darle mucho tiempo y yo no lo tengo, estoy de gira y preparando espectáculos nuevos.

-¿Y volver a la tele?
-Sí, eso sí. Me encanta la televisión y hay proyectos en mente para volver. El año pasado hice algo que me gustó mucho. Se llamaba Así como así y era una serie con chicos con capacidades diferentes. Fue hermoso trabajar con ellos porque son puro amor. Ahora creo que van a hacer otra temporada.

-Alguna vez leí que comentaste que hubo mucho prejuicio hacia vos en tus comienzos por tu belleza.
Sí, había un bocadillo que siempre me causó mucha gracias. Me iba a probar ropa o algo y entonces me veían y me decían ‘ay vos podrías haber sido vedette’. Lo planteaban como si me estuviera perdiendo algo. Yo me quedaba muda, jamás se me pasó por la cabeza. Había cierto prejuicio de que si eras linda, no sabías pensar. Pero yo nunca me enganché o luché en contra de eso. Simplemente, fui haciendo mi camino. Trabajé mucho en el autoconocimiento, en mi interior. Eso ayuda mucho.

-Lo vinculo un poco con el rol desigual de la mujer en la industria, ¿sufriste alguna vez una situación de abuso de poder?
-Sí, por supuesto. Había directores que por ahí eran un poco maltratadores. Abrían el micrófono y te gritaban. En ese clima, solo sobrevivís si no te enganchás. Yo no sé cómo lo logré. Había algunos directores que entraban al piso de filmación y vos dejabas de respirar porque tenías miedo de su mal humor. No vale la pena dar nombres porque ya están todos muertos. Que descansen en paz. Ahora, los nuevos directores se fueron ablandando. En ese momento, se creía que ser importante era estar serio. El humor hasta el día de hoy está muy devaluado. Fijate que te dan premio a mejor actriz si hacés algo dramático pero por una comedia, no. Todos los premios que tengo son por cosas dramáticas.

-Justamente vos entraste en el mundo del humor que además de estar en desventaja respecto al drama, es también un ámbito más reservado a los hombres ¿te costó instalarte?
-Las cosas eran muy esquemáticas. Me llama mucho la atención el prejuicio que hay con el humor. Te felicitan pero no te premian ni de casualidad. Pero yo nunca viví nada como algo que me haya costado. Fui haciendo los personajes que me fueron ofreciendo y nada más. Vos vivís la historia que te contás. Yo no me la cuento como un drama, me la cuento como que hago lo mejor que puedo con lo que hay.

-¿Y ahora qué se viene?
-Estoy con el estreno de esta película. Además, sigo con la gira de Mentiras inteligentes y en agosto estreno un nuevo espectáculo de teatro dirigido por Lía Jelín. Se llama No a la guita. Va a ser una obra muy llamativa en el momento en el que estamos. Trata de alguien que gana la lotería y no la quiere cobrar porque dice que el dinero te enloquece.

-Por último, teniendo en cuenta todo ese ritmo de trabajo ¿de dónde se saca energía para seguir así después de tantos años?
-Te voy a contar una anécdota. Ayer llegué de Uruguay de la gira de teatro tipo dos de la tarde. A las siete, tenía que dar una clase de teatro de cuatro horas. En un momento, cuando tenía que ir, mi cuerpo no quería levantarse. Jamás me pasó una cosa así. No podía levantarme para ir. Me serené un poquito y pensaba ‘¿qué me pasó?’. Llamé a mi asistente y le dije que empezara con la clase para darme unos minutos más libres. Me arreglé tranquila y fui. La clase fue un éxito. Porque es algo que me encanta. Pero ante este episodio, hubo un momento en el cual me pregunté si me estaba tratando mal a mí misma. A veces, reflexiono si me estoy dando una mala vida, si me estoy exigiendo demasiado. Después, al final del día, la respuesta es no. Estoy haciendo lo que quiero. Esa es la clave.



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