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Beatriz Sarlo

|Por Federico Pita|

Hace poco encontré casi toda la colección del centro editor de América Latina. Un catálogo lleno de buena literatura. Sarlo me parece una de las mejores intelectuales que nos dio este país. Con sus sinuosidades, sus posturas políticas equivocadas, su soberbia inteligencia. Me gusta cuando habla de ciertas transformaciones a partir de la experiencia sensible, esa idea de que, un intelectual, se forma en lo lateral. Lo mejor de las universidades sale de lo lateral. Es una especie de madera para naufragar en aguas más intensas. Es decir, un punto de apoyo. El que se lo toma muy enserio el centro, mata al genio o es un engranaje más del aparato cultural momificado. En esta charla Sarlo habla de Borges, de Juan José Saer, escritor santafesino notable. Ambos escritores son sus dos obsesiones.

Esta conferencia sobre Borges, el escritor inevitable dice Sarlo, es muy interesante para pensar las dimensiones que tiene. Habla de un Borges posicionado desde la falta. Eso que venía en sus genes pero que en él no se manifiesta. Habla de vida y muerte. De falta de coraje. Un hilo de cierta culpa recorre su literatura. La palabra culpa en alemán significa deuda. Por eso, su escritura tiene que ver con cuchillos. Con duelos. Con la periferia que se aleja de lo civilizado. Es una expresión de deseo del escritor. Vitalidad bestial, fuerza puesta en acción. Alguien que narra, por lo general, no actúa. Sus líneas son acción en la dimensión posterior. Sarlo dice “la tradición familiar de Borges tiene batalla en su sangre, tiene tierra, agua, viento, fuego”. Además, plantea un eje interesante, en el que la literatura de Borges se adentra en tiempo y espacio histórico real pero con palabras ficticias. Seres de a pie convocados a poner el cuerpo al sueño, a lo fantástico.



El artículo Beatriz Sarlo fue publicado originalmente en Cien Para el Aire
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