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Aretha Franklin, la voz del alma

│Por Sebastián Chaves

Ir a la versión de “Rolling in the Deep” que Aretha Franklin grabó cuando tenía 72 años. Más precisamente, al verso que dice “No subestimes las cosas que puedo llegar a hacer“. La voz de Aretha primero se carga de bronca y después se suelta. Elonga cada una de las vocales y entonces el verso se resuelve liviano, liberado de cualquier carga. Para cuando llega el estribillo, lo que se abre es el (su) universo. Ella, la Reina del Soul, le inyecta júbilo góspel a un hit pensado para los descorazonados del siglo XXI.

Ir ahora mucho más atrás en el tiempo. 1967. Aretha, con 25 años, graba su versión de “Respect”, un tema que Otis Redding compuso y grabó dos años antes. Pero lo que en la voz de él es una súplica hacia una mujer, a la que le promete hacer todo lo que ella quiera, en la voz de Franklin es una declaración de empoderamiento femenino de quien no admite boludeces. Y para terminar, dispara el deletreo más espectacular de la música pop en toda su historia: “R-E-S-P-E-C-T”.

En ambos casos, lo de Aretha Franklin no es un “escuchen, así es cómo se hace” sino un “miren, así es cómo se siente”. Porque la voz de Aretha era la consecuencia de sentir demasiado. Como si su cuerpo fuese una olla a presión y su voz el humo que evitaba que estalle por el aire, cada nota que cantaba sonaba como si estuviese compartiendo una astilla de su alma, de su soul. Era una oradora que se bajaba del altar para hablarte de frente, nunca desde arriba.

Hija de un pastor activista por los derechos civiles que era conocido como “El hombre con la voz de un millón de dólares” por su poder de oratoria, Aretha Franklin llevó ese don a sus canciones y logró que el góspel no sólo fuese apreciado fuera de la iglesia sino que se tornara en el elemento constitutivo de sus canciones. Gracias a su voz descomunal y a su poder interpretativo, se convirtió en un icono del soul y en un símbolo de la lucha por los derechos de los negros en Estados Unidos.

Su éxito fue tan arrollador hacia fines de los 60 que puede ejemplificarse con un único dato: sólo en 1968, editó Lady Soul y Aretha Now, dos discos que se encuentran entre lo mejor que ha dado el género en todas sus variantes. Además de “Respect”, canciones como “I Say a Little Prayer”, “Dr Feelgood (Love Is a Serious Business)”, “Think” y “(You Make Me Feel Like) A Natural Woman” se cuentan entre las principales gemas con las que se convirtió en la mujer con más hits en la historia de los rankings de Billboard y en la primera en ingresar al Salón de la Fama del Rock And Roll. Tan gigante como su sonrisa.

Víctima de un cáncer de páncreas, Aretha Franklin murió ayer a los 76 años. Y si bien su muerte significa que el trono del soul queda vacío, ahí está su voz, dejando todo en cada canción, para transmitir alegría y también para recordarnos todo lo que se sufre para conseguirla.



El artículo Aretha Franklin, la voz del alma fue publicado originalmente en Silencio
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