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Ambigüedades

│Por Daniel Dionisi

“Burruchaga tira un centro en Nantes y Ruggeri cabecea en Madrid”. Alguna vez, en los ochenta, Carlos Bilardo graficó de esa manera la etapa de preparación del seleccionado argentino de fútbol, teniendo en cuenta que casi todos sus jugadores  integraban los planteles de los mas importantes equipos europeos. Mientras Bilardo luchaba con la diáspora de sus seleccionados, el rugby no tenía ese problema. Si bien a fines de los ’80 empezaba el éxodo de jugadores, principalmente a Italia, la regla era clara. Para jugar en el seleccionado era requisito indispensable jugar en un club amateur argentino. Grandes figuras dejaron de jugar para Argentina en lo mejor de sus carreras. Diego Domínguez, Fabián Turnes, Serafín Dengra, Gustavo Milano, Fabio Gómez son solo algunos de los cracks que no podían vestir la celeste y blanca en esa época. No es casual que la etapa comprendida entre fines de los ’80 y mediados de los ’90 haya sido la más engorrosa (en juego y resultados) de Los Pumas, desde la explosión del 65. Esa regla de hierro existió sin fisuras hasta que, en 1996, Federico Méndez, que por entonces la rompía en Natal, fue autorizado a jugar en el seleccionado argentino. Ahí se abrió la puerta y los seleccionadores  empezaron a vivir situaciones parecidas a la que describía Bilardo. Durante dos décadas Los Pumas se llenaron de “europeos” (y algún “sudafricano” eventualmente). Sin embargo luego del mundial  2015, con el nacimiento de la franquicia argentina del Super Rugby, la puerta pareció cerrarse nuevamente a partir de la regla que impedía a los jugadores de clubes europeos integrar el seleccionado. Otra vez apareció un muro entre Los Pumas y varios de los mejores jugadores argentinos. Pero como toda estructura rígida, esa pared pronto empezó a agrietarse. Desde el año pasado la norma, bastante ambigua por cierto, es que “se pueden hacer excepciones de acuerdo a las necesidades del equipo”.  Juan Figallo (Sarancens), Facundo Bosch (Agen), Gastón Cortés (Leicester), Mariano Galarza (Bordeaux) y Ramiro Herrera (Stade Français), todos fowards, fueron los primeros que, atravesando la rajadura de la regla, regresaron a Los Pumas. Hace un par de semanas, Mario Ledesma se plantó ante los clubes europeos. “Es tiempo de dejar las cosas en claro: ya no daremos más. No tenemos que negociar con los clubes europeos para la liberación de los jugadores internacionales. Cuando nosotros los querramos, los llevaremos”, afirmó el entrenador de Los Pumas a Midi Olympique. La rajadura pasó a ser un hueco, pero la ambigüedad de la norma pone en cabeza de Ledesma y los jugadores la decisión de jugar o no en Los Pumas. En un reportaje a Alejo Miranda para La Nación, el entrenador de Los Pumas afirmó ” Si decidimos llamarlo (al jugador “europeo”) para todo el Rugby Championship y toda la ventana de noviembre, y el tipo quiere seguir jugando en los Pumas tiene que venir. Si renuncia, renuncia para toda la vida. Y si los presidentes de los clubes les pagaron un millón de dólares para que jueguen allá y el tipo no juega durante cinco meses, problema de ellos. Pero no va a haber ningún tipo de negociación con los clubes. No vamos a negociar con la camiseta de los Pumas.”. La postura de Ledesma es clara, la regla es dudosa. Ahora, en otro paso de este proceso, Ledesma y Nicolás Fernández Miranda viajaron a Europa para tomar contacto con varios de los pumas potenciales. Ya se entrevistaron con ellos, incluso con varios que, desde hace rato están fuera de la órbita puma. Benjamín Urdapilleta, Facundo Isa y  Santiago Socino, son algunos ejemplos.Todos los pasos que se están dando indican que Mario Ledesma podrá elegir sin restricciones para el mundial. Teniendo en cuenta el éxodo que se viene después de Japón, sería bueno que el proceso se profundice. Por ahora el panorama es confuso. Las noticias diarias abonan esa confusión. Algunos se van, como anunciaron esta semana Martín Landajo y Santiago García Botta, otros se quedan, como confirmó hoy Jerónimo de la Fuente. Fue y es un recorrido desordenado, basado más en urgencias que en una planificación. Ojalá que, al final del camino, sea positivo para Los Pumas. Los cambios que se anuncian en la organización del rugby mundial hacen imperativo terminar con la ambigüedad y contar con reglas claras y amplias para la convocatoria de jugadores.

La fórmula de Bilardo fue exitosa. Le dio un título mundial y un subcampeonato al fútbol argentino. Ahora “Nico Sánchez mete un kick cruzado en París y Santiago Cordero apoya en Exeter”. Ojalá que este proceso que vive el seleccionado con reglas ambiguas pero una postura firme de su entrenador, también traiga buenos resultados en el futuro cercano del rugby argentino.



El artículo Ambigüedades fue publicado originalmente en Periodismo Rugby
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