bastones largos

A 50 años de La noche de los bastones largos

|Por Alejandro Dubesarsky|

La noche de los bastones largos vino a aniquilar aquel anhelo expresado en el himno a Sarmiento de “iluminar la razón en la noche de ignorancia, el gobierno dictatorial del general Onganìa .En oposición a Sarmiento, el general que usurpò el gobierno al derrocar a Arturo Illia, provocó la fuga de cerebros y buscò destrozar todo pensamiento que  sea crítico con su gobierno y la sociedad.

“La Noche de los Bastones Largos” marcò a fuego la educación y en ella la sociedad toda .Para la UBA, marcaría el final de sus años dorados, para pasar a ser a partir del 29 de Julio de 1966  una:” Víctima lacerada y flagelada por golpes y exilios forzados, por crímenes, persecuciones y desapariciones”, según la definición de   Javier Lorca en 2006. Resultaría también un simbólico y sombrío prólogo a lo que sobrevendría en 1976 con otra dictadura.

Manuel Sadosky, entonces vicedecano de Exactas y que fuera la persona que introdujo en Argentina la primera computadora, la Clementina, sintetizò lo vivido ese día: “Pegaban bien, pegaban con habilidad, pegaban con ganas”.

Con la Infantería copando la Facultad de Ciencias Exactas, las órdenes que llegaban  por parte del  jefe de la Policía Federal, Mario Fonseca, obedeciendo las precisas emanadas desde la máxima autoridad de la Argentina, el general Juan Carlos Onganìa, se reprimió no a delincuentes ni a criminales, sino a los Max destacados científicos del país,  ellos sucesivamente fueron molidos a patadas y bastonazos.

“¡Al que apoye las manos en la pared, le reviento los dedos!”, gritaban, hasta llegar a  amedrentar con un fusilamiento no concretado: “Preparen, apunten…”, testimoniaron los afectados. De inmediato los universitarios fueron ordenados en fila y, camino a los camiones celulares, debieron pasar de a uno por entre dos formaciones de policías, una a tres metros de la otra, mientras sus cuerpos eran apalaeados por el gobierno.

Onganìa acorde a su cruzada política moralista y  autoritaria había comenzado ordenado a su modo la Argentina. Entre sus primeras medidas estuvieron  el cierre del Congreso, la clausura de  la Corte Suprema, el control de la prensa  y la disolución de los partidos políticos. En su discurso  hablaba de negligencia administrativa, de fragmentación de la vida nacional y de inhibición del proceso de modernización del país. La sociedad anestesiada había recibido con indiferencia  el golpe de Estado, solamente las universidades manifestaron públicamente su oposición. Hacia ellas y a sus ideas progresistas puso el acento la represiòn del general que había venido a “salvar a la patria”.

Concretada la Noche de los Bastiones Largos  todas las universidades fueron clausuradas por tres semanas. El  22 de agosto la UBA fue intervenida, asumiendo Luis Botet la rectoría. En su proclama dejó claros sus  objetivos “La autoridad está por encima de la ciencia”, nada era posible cuestionar. La UBA se transformó una institución vigilada, con policías de civil transitando sus pasillos y espiando lo que ocurría en las aulas a través de pequeñas ventanas en las puertas. Sin embargo y en contra de los objetivos del gobierno, el resultado sería el inverso: la actividad política no haría más que crecer en las facultades.

Onganìa con la noche de los Bastones Largos arruinó los postulados del Risieri Frondizi, rector desde 1957:” Construir una Universidad para el pueblo – para todo el pueblo argentino – sin renunciar a las exigencias más rigurosas en el orden de la cultura y en el cultivo de la ciencia”.

Mas aùn el proyecto se profundizó al aprobarse en  1958 el nuevo estatuto: la Universidad de Buenos Aires “No se desentiende de los problemas sociales, políticos e ideológicos, sino que los estudia científicamente”, exponían desde la UBA.

Los ideales humanistas del estatuto, la universidad y la educación argentina tenían antes de la Noche de los Bastones Largos como meta ser  “Un instrumento de mejoramiento social al servicio de la Nación y de los ideales de la Humanidad, poniendo el acento en la  jerarquización de la enseñanza, vinculándola con la investigación científica”.

Como lo expresara  el  Dr. Rolando García, Decano en esa etapa que se derrumbó abruptamente en la Noche de los Bastones Largos: “Lo que nos impulsaba era simplemente el afán de avanzar: teníamos mucho que hacer y poco tiempo que perder. Pero además de ese afán de avanzar, hubo otra cosa a la que le dedicamos mucho, que fue la direccionalidad de ese proceso. La idea era crear esa Facultad de Ciencias de primer nivel internacional que pudiera contribuir a la Nación”.

Sin embargo, este proceso no fue lineal, sino que estuvo signado por fuertes discusiones que se difundieron en  todos los estamentos del gobierno tripartito.

Marcelo Luda en un artículo publicado por la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, señalò que:” La polémica central se refería al rol que se le asignaba a la ciencia en el desarrollo económico-social”.

Agregaba Luda:” Hacia el año 66, la universidad y, especialmente, los estudiantes eran criticados por su “excesiva politización”, al punto que el mismo Illia había manifestado en ocasiones su intención de intervenirla. Sin embargo, cuando el hecho en cuestión se produjo la sociedad se solidarizó con los universitarios, tal vez impulsados por la inusitada violencia con que actuaron las fuerzas militares”.

La imagen de la Noche de los Bastones Largos fue reflejada por diversas personas presentes esa noche:”Las renuncias masivas de profesores dejaron la imagen de una UBA destruida, vaciada de profesores competentes y con autoridades empeñadas en su destrucción”.O como escribiò Luis  Bruschtein en Pàgina 12: en 2006:” El clima de libertad que había distinguido a la Universidad había mutado a claustro medieval, vigilancia y persecución. Esa torpeza troglodita y la ignorancia habían pasado a decidir sobre nuestras vidas”.

Marìa Seoane en su  artículo “La historia oculta de aquella noche de los bastones largos, a 40 años del quiebre de la investigación científica en la Argentina”, sostiene que los móviles dictatoriales fueron:” Poner fin a la autonomía universitaria y la libertad de cátedra; silenciar las criticas; escarmentar la rebeldía estudiantil y docente de todas las universidades nacionales”.

En tanto,  las consecuencias de la fuerza de las bestias fueron:” El inicio del éxodo de científicos que no se detendría a partir de entonces.1.378 docentes que renuncian o parten al exilio. Unos 301 emigraron: 215 eran científicos y 86 investigadores en distintas áreas”.

“Cuarenta años después del asalto violento de la Policía a Ciencias Exactas, que se denominó La noche de los bastones largos, es posible afirmar que se quebró no sólo la más formidable acumulación de conocimiento científico que la Argentina había logrado hasta mediados del siglo XX, sino también se abrió el camino a la intolerancia y se atrincheró a una generación de argentinos en la idea fatal de que la violencia política era el recurso para restaurar la libertad”, cerró Seoane. 

En el exterior, La Noche de los Bastones Largos y su perversidad tuvieron su repercusión gracias al profesor visitante, el matemático Warren Ambrose, del Massachusetts Institute of Technology ( MIT) que sufriò en carne propia la demencia . Al dìa siguiente escribiò a   The New York Times:” todos nosotros –mujeres, profesores distinguidos, el Decano y Vicedecano de la Facultad, auxiliares docentes y estudiantes fuimos humillados”.” Hoy tengo el cuerpo dolorido por los golpes recibidos pero otros, menos afortunados que yo, han sido seriamente lastimados. El profesor Carlos Varsavsky, director del nuevo Radioobservatorio de La Plata, recibió serias heridas en la cabeza, un ex secretario de la Facultad (Simón) de 70 años de edad fue gravemente lastimado, como asimismo Félix González Bonorino, el geólogo más eminente del país. Después de esto, fuimos llevados a la comisaría seccional en camiones, donde nos retuvieron un cierto tiempo, después del cual los profesores fuimos dejados en libertad sin ninguna explicación. Según mi conocimiento, los estudiantes siguen presos. A mí me pusieron en libertad alrededor de las 3 de la mañana, de modo que estuve con la policía alrededor de cuatro horas. No tengo conocimiento de que se haya ofrecido ninguna explicación por este comportamiento. Parece simplemente reflejar el odio para mí incomprensible, ya que a mi juicio constituyen un magnífico grupo, que han estado tratando de construir una atmósfera universitaria similar a la de las universidades norteamericanas”.

Culminò Ambrose anticipando las consecuencias: “Esta conducta del Gobierno, a mi juicio, va a retrasar seriamente el desarrollo del país, por muchas razones entre las cuales se cuenta el hecho de que muchos de los mejores profesores se van a ir del país.

A 50 de la noche que ennegreciò la educación superior en Argentina vale destacar la reflexiòn de Alejandro Artopoulos publicada en Perfil:”El legado de la Noche de los Bastones Largos es aquel que los palos no pudieron alcanzar: las ideas de García, Varsavsky, Sábato y Sadosky. Ellos imaginaron un país en el que el pensamiento científico-tecnológico abierto pudiera ser un aporte original y eficaz al desarrollo humano”.

De igual modo, concluye el académico de la Universidad San Andrès con una visión optimista:” Aún hay tiempo para intentar cumplir su promesa de un país libre y equitativo. Cada vez estamos más cerca. Recuperamos la democracia y la ciencia”. Para que el cìrculo cierre, reconoce, es necesario que el discurso se cristalice y no quede en meras promesas infundadas: “Sólo hace falta dirigentes transparentes que no tengan miedo”.

Finalmente, Artopoulos pide no olvidar y retornar a la famosa frase fundante de la democracia alfonsinista :”Recordar que para los crímenes que nunca prescriben, #NuncaMás”.



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